¿En base a qué criterios podemos juzgar si un comic es bueno o malo? ¿Hay alguna medida de valor que nos permita distinguir entre un Katsuhiro Otomo y el autor del enésimo manga sobre luchas de cartas y monstruos? No estoy muy seguro de que los críticos de comic y manga hayan meditado lo suficiente, por lo general, acerca de estas cuestiones, y quisiera incluir alguna breve pincelada al respecto en esta crítica.

Iré al grano. He leído muchos comics malos en mi vida, pero creo que Adèle Blanc Sec es el peor comic de un autor consagrado que ha llegado a mis manos. He tenido malas experiencias con las secuelas del Caballero Nocturno de Frank Miller, decepciones con Neil Gaiman, con Bakuman sin ir más lejos… pero intentar leer este comic de Jacques Tardi me ha obligado a un esfuerzo consciente por pasar cada página.

Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme hasta qué punto mi percepción acerca de la calidad de un comic puede tomarse como relevante, y es por ello que utilizo esta crítica de Jacques Tardi para introducir algún concepto de la crítica literaria que puede resultar interesante.

El Canon Occidental y la Estética como Ideología


En El canon occidental el crítico literario Harold Bloom trata de construir algún criterio que permita señalar con justeza a los grandes maestros de la literatura occidental. A tal efecto Bloom desarrolla una oposición interesante entre “criterio estético” y “criterio ideológico”, para concluir que la crítica literaria debe guiarse, ante todo, por el valor intrínseco de la obra de arte, es decir, por sus cualidades estéticas.

Harold Bloom ha sido acusado, no sin parte de razón, de intentar preservar las esencias de un sentido de la universalidad restrictivo, esencialmente una universalidad blanca y masculina. Muchas de las críticas más duras que ha recibido Bloom proceden del ámbito de la crítica literaria marxista, o cercana al marxismo. Terry Eagleton maneja una noción que podría oponerse directamente a la de Harold Bloom, la “estética como ideología”. La experiencia artística que, en algún momento, llegó a formar parte integral de proyectos radicales y revolucionarios, ha sido reducida progresivamente hasta lo estético e inofensivo.

Esta trivialización del arte tiene que ver con el ascenso del posmodernismo y la ideología del “todo está ya inventado”; se han diluido en gran medida los criterios que permitían discernir entre grandes maestros, autores notables y artistas del montón. Es casi una moda, una pose intelectual en algunos ambientes, afirmar que lo mismo vale una novelita del Oeste de las que se vendían a peseta cuando Franco que una novela de Italo Calvino; afirmar que no hay criterio que nos permita valorar a Flaubert por encima del último Best Seller fabricado en serie, léase Crepúsculo, Noah Gordon o el que más rabia dé. Este tipo de intelectual argumenta que todo depende del contexto, y destaca valores como lo “curioso”, lo “chocante” o lo “hortera”, frente a las anticuadas virtudes de la precisión en el lenguaje o la narración.

Alguna de estas modas se ha infiltrado en el mundo del comic, en donde la falta de criterio resulta especialmente llamativa. Es muy raro encontrarse algún crítico que maneje planteamientos que presenten cierto rigor teórico. En general, tanto el mundo editorial como el de la crítica son entornos en los que prácticamente vale todo si vende, situación aún más grave en el caso del manga.

Cómo juzgar el éxito de Adèle Blanc Sec

Otro día tocará hablar de la situación del manga, tan alarmante que peligra incluso su propia continuidad como ámbito artístico, pero hoy querría hablar acerca de una de las obras más famosas del comic europeo, Adèle Blanc Sec, del francés Jacques Tardi. Aunque el comic data de 1976, ha alcanzado gran difusión en España a partir de la adaptación al cine de Luc Besson y de la recopilación de las historias de Adèle Blanc Sec llevada a cabo en 2010 por Norma, que lanzó Adèle Blanc Sec en dos tomos muy cuidados.

Yo ya me había leído más cosas de Jacques Tardi antes de afrontar ésta, en concreto, Niebla en el puente de Tolbiac y La Guerra de las Trincheras. El primero no me había interesado, aunque el segundo sí que me gustó bastante, en su momento. Ninguna de las obras me podía preparar para el ínfimo nivel de guión que exhibe Tardi en Adèle Blanc Sec. Eso sí, quede dicho ya que Tardi es un dibujante magnífico, y alguna página de Adèle Blanc Sec es una obra de arte, unos fondos vivos como pocos, y unos personajes muy plásticos dentro del sutil abandono de su trazo.

Pero como narración, Adèle Blanc Sec me parece poco menos que una burla hacia la inteligencia del lector medio –o medio-bajo- de comic. La historia, que trata sobre una aventurera en época victoriana que se ve envuelta en increíbles peripecias, pretende ser ligera e imitar el estilo folletinesco de finales del siglo XIX europeo. Pretende ser una narración de puro entretenimiento, ágil y llena de emociones.

Supongo que el comic tendrá su público, y durante parte de las primeras páginas de Adèle Blanc Sec se pueden perdonar los defectos de la historia si nos compensa con un entretenimiento de calidad. Al fin y al cabo, Cazafantasmas o Regreso al Futuro son dos de las mejores películas de Hollywood, la diversión no está reñida con la calidad. Pero en Adèle Blanc Sec, una vez superadas las primeras dos sorpresas, Jacques Tardi no hace otra cosa que ofrecer un giro extraño tras otro, sin apenas sentido, sin ningún tipo de lógica, ni desarrollo de los personajes. Infinidad de cabos sueltos, motivaciones incomprensibles, traiciones que no se sabe de dónde vienen, misterios que no merece la pena seguir y mucho, muchísimo diálogo utilizado para explicar la trama. En los últimos capítulos parece como si Tardi hubiera desistido de hacer un comic en condiciones, y llena las viñetas de globos de diálogo que ocupan páginas y páginas de explicaciones.

Un auténtico horror. Seguro que alguien puede entretenerse un rato con alguna de las historias de Adèle Blanc Sec. Pero me cuesta entender que alguien pueda considerar que es un buen comic, y creo que leerlo de principio a fin requiere mucha buena voluntad y bastante tiempo libre.

Conclusión


Pero esto es mi opinión, simplemente. Y mi opinión, cualquier opinión que no se base en criterios objetivos, vale de muy poquito.

En el mundo de la crítica de comic está muy poco desarrollada la noción de juzgar si un comic es “bueno” o “malo”. Generalmente intentamos localizar quién es el público potencial de la obra, y analizamos si a ese sector de público le va a gustar o no le va a gustar. A partir de ahí se reparten no sólo elogios, sino campañas publicitarias y éxitos. Da igual que hablemos de un manga que no aporta absolutamente nada o del enésimo despliegue de tetas y músculos en un comic de super-héroes; si se considera que esa obra puede gustar al público que suele comprarla, la crítica la recomienda.

Creo que esto es un error. El juicio sobre la calidad de una obra debe trascender géneros y modas, pero también debe ignorar el favor que consiga entre el público. Pero si ya es difícil lograr un consenso en terrenos artísticos que cuentan con el respeto del mundo académico, como la literatura y el cine, pasarán muchos años antes de que se forme, en un mundillo tan despreciado como el del comic, una cultura que valore la obra por sus valores artísticos y no por su impacto comercial.

No seré yo el que vaya a corregir la situación con esta crítica, desde luego, pero me apetecía, al menos, señalar el problema.

P.D. No tengo nada contra Tardi. Si a alguien, pese a lo dicho, le apetece arriesgarse con la preciosa edición que Norma ha hecho de Adèle Blanc Sec, disfrutará de una ambientación estupenda y un dibujo maravilloso. Eso, por lo menos.

Ficha técnica

Adèle Blanc Sec 2 tomos

Autor: Jacques Tardi
Editorial: Norma Editorial
Formato: Cartoné, 19x26, 200 páginas a color, 2010.
Precio: 24 € cada tomo

Comentarios

kaori-jmetal

Jueves, 12 de mayo de 2011 10:02:00

El primer tomo me gustó mucho, es muy entretenido de leer, pero en el segundo no hay quien se entere de nada, no hay más que texto y texto por todas partes y un montón de personajes de crossover.

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