La moda Z


Los mass media han conseguido fagocitar con cierta facilidad reservas espirituales de los amantes del terror, como los vampiros, hasta domesticarlos y convertirlos en seres previsibles y glamurosos; incluso, para que negarlo, bastante repelentes en sus versiones crepusculares. El fin del vampiro como icono del terror -a nivel masivo, se entiende- es un corolario razonable de la trivialización de la cultura gótica. Pero hay que reconocer que no tenía demasiada dificultad dotar de tintes heroicos, incluso eróticos, a una figura como la del vampiro, especialmente tras la performance de Brad Pitt en Entrevista con el Vampiro.

La pregunta es, ¿qué le está viendo la gente a los zombies? Es decir, son seres feos, las películas dan asco, la mayoría son muy malas, y un porcentaje altísimo de la literatura que se publica y se ha publicado es pura basura. El zombi era un reducto contracultural propio de roleros, heavys y comiqueros que se consumía con cierto aire jocoso en general, y disfrutando de las pocas pero muy buenas grandes obras que ha dejado el género.

Y sin embargo, hoy en día nos encontramos con Marvel Zombies, con clásicos de la literatura mezclados con muertos vivientes -Lazarillo Zombie, Orgullo y Prejuicio y Zombies...-, series de televisión como Dead Set... incluso intentos bastante preocupantes de llenar de glamour la figura del muerto viviente en Zombies Rubias.
¿Hay algún motivo para esta moda tan apabullante? Me resisto a creer que haya algo de "primitivo" en el terror a la masa zombi y demás lecturas hermenéuticas, y me inclino a pensar que las primeras campañas de mercadotecnia funcionaron a la perfección y, tras el éxito de Resident Evil o 28 Días Después, se ha descubierto un filón que nadie quiere dejar de exprimir.

Lamentablemente, como ya dije, en este género abunda muchísima basura, literatura de usar y tirar que es el equivalente a las (malas) novelas dirigidas a presuntas mujeres sofisticadas, que tratan sobre mujeres con profesiones liberales y gotitas de feminismo. Por cada Diario de Bridgette Jones hay doscientos panfletos infumables, y algo así ocurre con la literatura zombi. Por cada Guerra Mundial Z hay doscientas novelas escritas sin el menor conocimiento técnico, perjeñadas por aficionados al género -muy loable, suele proporcionar unos capítulos de diversión por el frikismo inherente-, o bien apoyadas por editoriales que pretenden aprovechar la moda.

Apocalipsis Island se sitúa en un agradable punto intermedio. Es un producto destinado a explotar el tirón de la fiebre zombi, y a fé lo hace a conciencia si atendemos a la muy interactiva página web que promociona las diversas entregas de Apocalipsis Island. Y es, en realidad, más de lo mismo, no se puede decir que nos encontramos ante un Richard Matheson, Vicente García como escritor no va a marcar ningún hito en el género. Sin embargo ,es un trabajo correcto, con claroscuros en diversos aspectos, pero entretenido a más no poder y convincente en el universo propio que propone.

Argumento



En Apocalipsis Island seguimos la historia de Marc, un científico español que vuelve tras pasarse un período en Estados Unidos estudiando el virus zombie, y se instala en Palma de Mallorca. Veinte años atrás el mundo fue asolado por una terrible epidemia zombie que ya ha sido controlado, y se han establecido pautas sociales y políticas derivadas de convivir con los muertos vivientes. La democracia parlamentaria se ha convertido en un simulacro de representatividad que ni siquiera recurre a las urnas para legitimarse, y la sociedad avanza de cabeza hacia el militarismo y el predominio del pensamiento ultraderechista. A excepción de África y Sudamérica, en donde la civilización cayó durante la epidemia, y que se han dado por perdidos para la sociedad de los seres que respiran.

En Palma de Mallorca Marc comprueba cómo se ha normalizado la convivencia con los zombies; a pesar de que hay extraordinarias medidas de seguridad, la sociedad ha terminado por relajar las costumbres. A tal punto llega la trivialización de la amenaza zombie que en Palma se establece una exhibición de muertos vivientes concebida como un parque temático, o un museo del horror.

En determinado momento, surge un rebrote que parece que podrá ser contenido por las fuerzas de seguridad casi de manera rutinaria, pero pronto los zombies se adueñan de las calles y se difunde a toda velocidad el terror por toda la isla. Marc, junto a un viejo amigo que se refugia junto a él en su bien defendida mansión, terminará por emprender un tour de force por toda Palma de Mallorca en busca de explicaciones a varios de los inquietantes interrogantes que se les plantean. La isla está incomunicada y la actitud de las fuerzas armadas, así como las propias características de la propagación de la plaga, no presagian nada bueno...

Opinión Personal



Como decía, la novela presenta claroscuros, pero creo que lo primero que se debe afirmar es que los aspectos positivos superan abundantemente a los negativos. Me hizo pasar una noche en vela, totalmente absorbido por el ritmo al que se resuelven las partes de acción y el modo en que Vicente García raciona la intriga. Prácticamente garantizo a cualquier fan de los zombies o de la literatura de acción, thriller... que pasará un momento entretenido con Apocalipsis Island, y eso ya le da el aprobado alto.

Le hace rozar el notable una caracterización bastante razonable de los personajes protagonistas y por una selección de escenarios para resolver las carnicerías realmente memorables. La resistencia de la policía, torpemente acuartelada, o alguna escena sugerida en El Corte Inglés, son inolvidables. Así mismo, el itinerario que sigue la trama, en forma de viaje que desvela progresivamente el misterio, no chirría y se comporta de manera bastante orgánica. Poco hay más irritante en una novela de acción que la sensación de que los personajes se montan en vehículos y cogen armas simplemente para favorecer las necesidades de espectáculo del escritor; en este caso, Vicente García consigue convencernos de que Marc va a donde tiene que ir y se comporta, más o menos, como requiere la situación.

En el debe del autor hay que colocar unos diálogos absolutamente trillados, recargados y artificiales. Se salvan porque es evidente que la intención es reforzar el humor negro, ácido, que flota en algún pasaje de la obra, pero son diálogos imposibles, muy retóricos y que parecen soliloquios más propios de Bogart o Hamlet que de personas normales.
En la misma línea, se trasluce cierto desaliño en la redacción de las descripciones de paisajes y tránsitos entre localizaciones. Ni están bien escritos en términos generales, ni dejan claro cuál es la situación de los personajes respecto de sus vehículos o sus perseguidores. En más de una ocasión tuve que volver varios párrafos atrás para enterarme de quién demonios le había caído a quién encima, y por qué el de más allá no puede ir a ayudar.

La resolución de todos los hilos esbozados en la trama -que provocan un final muy abierto, como era de esperar en el primer volúmen de una pentalogía- me parece más o menos satisfactoria. A mi no me gusta mucho el final, pero es razonable y no deja mal sabor de boca: no está, digamos, sacado de la manga. Habrá gente que prefiera una conclusión espectacular que monte un cristo en plan No Hay Salida, y otros que disfruten más de finales un poco más lentos y reflexivos. Sea como sea, Apocalipsis Island no defrauda al final, aunque lo cierto es que sus últimas cincuenta páginas son, de lejos, lo más flojo de la novela.


En definitiva, una obra entretenida e interesante, dos o tres horas de diversión para el fan de la literatura zombie y un buen modo de iniciarse en ella para los noveles. Además, apenas hay descripciones desagradables ni nada que pueda, creo yo, ofender al buen gusto.

Ficha técnica

Apocalipsis Island

Autor: Vicente García
Editorial: Dolmen, Línea Z
Año: 2010
Formato: Rústica con solapas, 272 páginas

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