Argumento

De la mano de Yoko Kamio, creadora de la popular serie Hana Yori Dango, llega Cat Street, un manga shôjo que en su versión española consta de ocho tomos distribuidos por Planeta de Agostini.

Cat Street aborda la historia de Keito Aoyama, una estudiante de dieciséis años. Desde muy pequeña Keito se había dedicado al teatro, destacando por su estupenda capacidad interpretativa, aunque la enorme presión a la que la sometía su familia le impedía disfrutar con su afición. Lo que Keito desea en verdad es llevar la vida de una chica normal de colegio; pronto encuentra apoyo en una niña de su misma edad que también se dedica a la actuación, pero que tiene mucho menos talento. Keito compartirá con ella todos sus secretos acerca del mundo de la actuación, para ayudar a la niña a superar sus temores.

A la edad de nueve años le llega la oportunidad de tomar parte en una obra que podría suponer un paso adelante en su carrera. Bajo la tremenda presión de su madre, Keito se ve forzada a participar en la obra, pero sucede algo terrible que arruina su incipiente carrera de actriz y marcará su carácter hasta la adolescencia.

Keito, traumatizada por el fracaso, se recluye progresivamente en su habitación y en la intimidad de sus pensamientos hasta convertirse en algo cercano a una hikikomori. A lo largo de siete años apenas ha mantenido contactos con otras personas y considera que no tiene ningún aliciente para superar la reclusión en que se ha convertido su modo de vida.

Personajes

Nos encontramos ante la clásica presentación del shôjo dramático, centrado tanto en la reflexión introspectiva como en la constante lucha por la superación de las barreras psicológicas y sociales. Los personajes secundarios actúan como catalizadores de los esfuerzos de Keito Aoyama por trascender sus limitaciones y añaden sus propias problemáticas a las de la protagonista.

En este sentido la selección del plantel de los personajes es una de las mayores virtudes que la autora, Yoko Kamio, ha sabido transmitirle al manga. Si Keito es una chica bastante estereotipada y no especialmente interesante, los amigos que la acompañarán a lo largo de la serie resultan mucho más atractivos. Rei Saeki es un joven muy vital que sueña con ser una estrella del fútbol, y será el primero en lograr que Keito adopte una perspectiva más valiente respecto de sus problemas. Momiji Noda, por su parte, es una gothic lolita que soporta críticas y desprecios hacia su estética y que atesora una enorme inteligencia. Para terminar con los protagonistas principales tenemos a Kôichi Mine, un as de los ordenadores y la tecnología en general que siempre actúa con frialdad, sin revelar sus emociones.

Aunque todos son personajes típicos, la combinación de perspectivas tan diferentes resulta muy interesante. La química que se establece entre los personajes funciona a lo largo de toda la serie y el grupo de Cat Street llegará sin duda a convertirse en inolvidable para todo aquél que la lea. Es uno de los puntos fuertes del manga el que Yoko Kamio consiga involucrarnos en la mentalidad de cada uno de sus personajes y nos muestre las diversas soluciones que cada uno de ellos puede aportar a los problemas de los demás y a los suyos propios.

Guión y Dibujo


Sin embargo, Cat Street tiene algún defecto importante. En cuanto a guión, si bien la trama es interesante lo cierto es que hacia el final la autora introduce nuevos elementos que no parecen tener demasiado sentido, y que se cierran de un modo algo precipitado. Por otra parte, aunque la serie es coherente y no tiene altibajos notables, Kamio es una narradora bastante predecible, que repite los esquemas tradicionales del shôjo sin aportar muchas novedades.
Esto, que no tiene por qué ser malo – creo que muchos no nos cansaremos nunca de los mil veces repetidos triángulos amorosos al estilo Marmalade Boy, Karekano, etc… -, en el drama tiene sus peligros. El manga, al igual que Hana Yori Dango, parece pensado para el Dorama ( serie de imagen real ), y está cargado de situaciones intensas y traumáticas. Sobrecargado, diría yo; en ocasiones uno echa de menos un comportamiento algo más relajado y desenfadado por parte de los personajes.

Creo que en este sentido series como Welcome to the NHK – que también trata sobre hikikomori – analizan temáticas similares con mucha más naturalidad. Cat Street tiene, en mi opinión, un exceso de intensidad que según avanzan las páginas se puede llegar a hacer pesado.

En cuanto al dibujo, hay que decir que Yoko Kamio no se ha molestado en exceso ni en los fondos ni en el acabado. Los personajes – que están razonablemente bien diseñados y dibujados, aunque reconozco que nunca me ha gustado el estilo de la autora – parecen moverse a veces en el vacío, y dan en muchas viñetas la sensación de haber sido terminados sin mucho cuidado por los detalles en el entintado o las sombras. Un estilo gráfico tan descuidado produce páginas desangeladas y “tristes”, a pesar de presentar un aspecto correcto en líneas generales.

En los últimos tiempos me parece observar que parte del shôjo está perdiendo algo de cuidado por los detalles en el acabado de los dibujos y en los fondos, lo cuál sería una verdadera lástima. Una cosa es que las caras de dos protagonistas se dibujen con una trama de burbujas en el fondo, y otra es que varias figuras de cuerpo entero floten habitualmente sobre viñetas hechas a base de fondos blancos o de tramas.

Opinión


En definitiva, Cat Street es un drama que tiene sus virtudes y sus defectos. Al igual que Hana Yori Dango, seguro que gustará a todos aquéllos que disfruten con los J-Doramas. Es una serie sólida en cuanto al planteamiento del argumento y el diseño de personajes, pero que podría estar mucho más cuidada en el dibujo. Para quiénes gusten de shôjos un poco más relajados, más “amigables”, Cat Street quizá sea demasiado intensa y melodramática, incluso recreándose en ello en ocasiones en las que habría sido mucho más agradable un toque de humor o de simple normalidad.

De cualquier manera, creo que es una serie recomendable para cualquier lector habitual de manga. No hay que confundir el hecho de que Kamio recurra a tópicos para contar sus historias con que no tengan profundidad intelectual. Cat Street es una reflexión verdaderamente urgente acerca de la presión social y la necesidad que todo el mundo – sin que importe la edad – tiene de encajar en algún sitio. La solución de los hikikomori, que deciden escapar de la presión contemporánea para esquivar el dolor de las relaciones sociales es, probablemente, indeseable, pero no se puede decir que sea ilógica. Al contrario, millones de personas se han aislado en mayor o menor medida del mundo, en ocasiones sin que sus seres queridos lleguen a saberlo nunca.

La lucha de Keito por recuperar el control sobre su vida, atreviéndose a seguir el camino más duro para ello merece, por lo menos, que se le dé una oportunidad a Cat Street.

La autora

Yoko Kamio ( Tokio, 1966) publicó varias obras de repercusión desigual en la revista Margaret hasta que en 1992 consiguió el reconocimiento masivo de público y crítica con Hana Yori Dango. Esta historia, al igual que Cat Street, abordaba temáticas de acoso y violencia escolar, problemas importantes en el sistema educativo japonés. La inusitada repercusión de la obra tuvo que ver con el hecho de que muchos jóvenes lectores se identificaron con los padecimientos de los personajes. Yoko Kamio obtuvo en 1996 el prestigioso premio Shogakukan, reconocimiento otorgado a mangakas tan importantes como Ai Yazawa (Nana), Tite Kubo (Bleach) o Rumiko Takahashi (Inuyasha). Según ha admitido la propia autora en Cat Street, planea realizar una secuela de Hana Yori Dango.

Ficha técnica

Cat Street

Autora: Yoko Kamio
Edición original: Bessatsu Margaret, Entre Agosto de 2004 y Octubre de 2007
Edición en España: Planeta de Agostini, Junio de 2008 - en publicación.
Formato: Tomo manga con sobrecubierta, 5,95€

Comentarios

Aris

Jueves, 04 de junio de 2009 23:08:15

Muy buen artículo.

Este manga nos demuestra claramente la gran falta de comunicación sincera que existe entre los jóvenes y los adultos japoneses. Evidentemente no es un hecho que ocurra solo en Japón, es algo que ocurre en todo el mundo, pero parece ser que el tener una sociedad tan competitiva donde prima sobre todo la fachada a los sentimientos, el haber un desajuste social tan grande entre los miembros de la sociedad, y el enseñar valores tradicionales como la obediencia, la obligación y la docilidad, hacen que en este sentido Japón sea un país único.

En ningún otro lugar, por poner el ejemplo del manga, a ningún niño se le ocurriría encerrarse en su cuarto y aislarse del mundo por haberse bloqueado en una función teatral. Está claro que puede deprimirse y aislarse, pero pienso que no elegiría la soledad permanente ante un error cometido en la niñez si se le diera afecto y comunicación, cosa que en el manga no sucede. Keito se aisla ante un acontecimiento que colma el vaso: las fuertes presiones y la incomprensión de su familia que no les importa realmente los sacrificios que tenga que realizar Keito para triunfar, el carecer de amigos en la escuela, y la tradición de la que creía su única amiga, todo ello ocasiona su encierro y su familia al no saber que hacer, deja que suceda durante años y años sin considerarlo un problema. ¿Os imagináis a vuestras familias permitir esto? Yo la verdad es que no. Si no saben que hacer, se puede acudir a personas especialistas, pero está claro que lo más importante de todo es tener el apoyo emocional por parte de las familias y de los amigos y tener una buena comunicación, cosa que lamentablemente en el caso de Keito, antes de conocer a sus verdaderos amigos, carece.

En realidad, el hecho de aislarse y encerrarse un su casa, el hikikomiri, no es más que el resultado de una sociedad que pide a gritos un cambio en el sistema, pero eso sí, en silencio.

Otsuka

Domingo, 07 de junio de 2009 16:19:20

Muy interesante tu comentario Aris, gracias. Creo que sería un tema que podríamos opinar con cierta profundidad cuando el foro esté disponible.

Yo también creo que la clave está en la falta de comunicación, la competitividad y la desigualdad social. Durante los últimos años Japón está funcionando como banco experimental de los fenómenos sociológicos y psicológicos que se extienden al resto del mundo "avanzado". Digamos que JApón nos lleva unos... ¿5 años? de ventaja en casi todas las facetas.

Nos lleva esa ventaja en lo bueno - tecnología, organización, mercado de ocio... - pero también en lo malo - condiciones laborales asfixiantes, depresión, suicidio... -. Estoy de acuerdo en que Japón tiene una mezcla de factores que hacen que sea un país especial, pero no diría que único. Diría que es el primer país en experimentarlo todo.

Recordemos que ya hay jóvenes suicidas por todo el mundo, y que el fenómeno de quedar por internet para suicidarse se ha dado muy recientemente en Escocia, donde la policía aún investiga las ramificaciones de una red de suicidas.

El fenómeno de los hikikomori en Japón tiene un nombre que se presta a reflexionar sobre él, a investigarlo... pero hay miles y miles de jóvenes de todo el mundo que viven vidas similares, por ejemplo a través de juegos tipo WOW. Tarde o temprano Occidente también nombrará a sus "desviados", y entonces existirán mediáticamente.

Y tu párrafo final me parece perfecto, resume la cuestión en su totalidad. Con todos los canales de rebelión social y política rotos en casi todo el mundo avanzado, especialmente en Japón, la protesta tiende a ser individual y silenciosa.

Un tema muy interesante.

Aris

Martes, 09 de junio de 2009 15:24:34

Gracias Otsuka, me alegro que te haya gustado mi comentario y yo también lo veo un tema muy interesante y del que podríamos sacar mucho jugo si nos lo propusiéramos.

Me parece interesante lo que dices de que Japón parece ser el primer país en experimentarlo todo, tanto lo bueno como lo malo, pero de una manera extrema a los demás países (o también es debido a que lo experimentan todo a la vez). Y es cierto que los demás países vamos detrás del país líder de la tecnología para después nosotros copiarlo y adaptarlo a nuestro modo de vida.

Pienso que sabiendo esto los demás países deberían hacer algo para evitar todo lo malo que conlleva un progreso demasiado rápido, como por ejemplo una dependencia excesiva a las nuevas tecnologías, una analfabetización tecnológica por una parte de la sociedad y una gran brecha digital entre países que no están tan avanzados y los que sí. Porque, ¿de qué sirve saberlo si no es para cambiarlo y mejorarlo? Pienso que Japón nos debería dar el ejemplo de lo bueno y de lo malo de una sociedad tan avanzada en algunos aspectos para que el resto del planeta no caiga en los mismos errores y mejorar así el progreso y el avance de la humanidad. Pero claro, eso sería demasiado bonito e idealista que el planeta se convirtiera en un lugar más justo y feliz, donde cupieran todas las personas sin sentirse rechazadas ni aisladas de la sociedad, ya que en el mundo en el que vivimos existen poderes económicos que nos gobiernan a todos que no permiten que las desigualdades y las injusticias cambien.

Es un tema tan extenso que se podría hablar largo y tendido sobre él y yo creo que ya me he desviado bastante del tema inicial xD , por eso estoy de acuerdo en que se podría hablar sobre ello en el futuro foro que tendréis para que así más personas pudieran dar sus opiniones y enriquecernos todos, porque lamentablemente me parece que por ahora no ha leído este artículo demasiada gente :( .

Otsuka

Sábado, 11 de julio de 2009 05:14:54

Pues sí que es un tema muy interesante. Perdona que no haya seguido comentando pero llevo una temporada con el ordenador fatal...

Abriré un hilo en el foro para que lo hablemos, gracias por comentar!

Añadir comentario
  • Soy usuario de Mangaes
  • No soy usuario de Mangaes pero quiero registrarme
  • No soy usuario de Mangaes, usaré mi mail
  • Entrar con Twitter
(El email no se verá públicamente)

Enlaces