El viernes 1 de septiembre se estrena en nuestras pantallas un thriller de acción sobre corrupción policial y ética periodística. Ciudad sin ley (Edison) nos sitúa en la ciudad de Edison, una metrópolis en expansión con los problemas de seguridad que ello conlleva. El creciente aumento de la delincuencia conduce a la creación de un nuevo cuerpo de la policía, la brigada especial FRAT (Táctica y Asalto en Primera Respuesta). Esta división especial se encarga de resolver las situaciones más peligrosas y para ello cuenta con impresionantes recursos armamentísticos y económicos y sus operaciones se mantienen en el más alto secreto. Aparentemente la FRAT funciona y el índice de criminalidad disminuye, pero algo se esconde tras este hermético y nada sociable equipo. Un tenaz periodista, Josh Pollack (Justin Timberlake), está dispuesto a desvelar la verdad, pero la oscura trama de corrupción se extiende más allá de lo imaginable y sus investigaciones pondrán en grave peligro su vida y la de su novia.

Lo que más sorprende en esta película; cuyo argumento no es ni mucho menos original, y se enmarca sin destacar demasiado en el manido tema de la corrupción policial con un claro y reciente referente en la serie The S.H.I.E.L.D.; es sin duda la presencia de un novel Justin Timberlake (sí, el de NSYNC) entre dos veteranos y brillantes Morgan Freeman y Kevin Spacey (sin desmerecer desde luego al malo de turno, Dylan McDermott). La presencia de ambas estrellas podría eclipsar al más experimentado de los actores y, sin embargo, se muestran muy comedidos en su papel de secundarios, dejando que Justin Timberlake (que aunque no actúa por primera vez, sí que debuta como protagonista) le coja el gustillo al protagonismo, sintiéndose como en casa y realizando una más que notable actuación.
Por lo demás, el ritmo del filme es bueno y aunque no se le puede poner la etiqueta de "trepidante", la acción que se desarrolla engancha. Lo malo es que, por el otro lado, la historia, que en un principio promete, pierde fuerza a mitad de la película al transformarse en una enrevesada trama de corrupción demasiado extendida, mal explicada y peor cerrada.
En definitiva, un excelente elenco de actores con una gran calidad interpretativa que deben soportar sobre sus hombros el peso de un guión muy pobre, obra de David J. Burke, por lo visto acostumbrado al formato televisivo (Law & Order: Special Victims Unit, Nikita), más concentrado. Quien, sin embargo, sí realiza un buen trabajo como director.
Una película que se deja ver (especialmente recomendable para los y las fans de NSYNC, que estarán de enhorabuena por el trabajo de su ídolo) pero sin mayores pretensiones.

Sinopsis:

El agente Raphael Deed (LL Cool J), un policía novel de la unidad policial de élite, y su veterano compañero, el sargento Francis Lazerov (Dylan McDermott), llevan a cabo una redada en el escondrijo de Rook (un experimentado matón) y su compañero novato, Isaiah, y les atrapan en posesión de cocaína, dinero en efectivo y armas.
Los agentes requisan el alijo y advierten a los delincuentes que mantengan la boca cerrada. No obstante, Rook se resiste, así que Lazerov se ve obligado a dispararle. También está a punto de matar a Isaiah, pero Deed le detiene. Haber salvado la vida le costará a Isaiah hacer de cabeza de turco y pasar por el asesino de Rook ante la justicia.
Josh Pollack (Justin Timberlake), un ingenuo y bromista reportero, presencia la declaración de Isaiah y ve que cómo le da las gracias a Deed tras el interrogatorio. Cuando Pollack le pregunta a Deed al respecto, Lazerov interrumpe bruscamente la entrevista. Convencido del engaño que está descubriendo, Pollack intensifica su investigación tutelado por su jefe Moses Ashford (Morgan Freeman), quien, aunque renuente en un principio, accederá a guiarle por el camino del periodismo de investigación.

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