El Señor Jean, el amor, la portera
Guión: Philippe Dupuy
Dibujo: Charles Berberian
Edición Española: Norma Editorial, colección Cimoc Extra Color, Julio de 2000
Formato: Tapa Blanda, 48 páginas, Color, 8 €
Pese a que mucha gente cree que el mercado europeo es un refugio para el comic de calidad, lo cierto es que las estanterías están llenas de obras que imitan, sin ningún espíritu creativo, los grandes éxitos de lo que una vez fueron temas originales, como la autobiografía o el retrato intimista de la psicología urbana. En estos tiempos de declive del comic es cada día más complicado arriesgarse a comprar alguna obra desconocida en la librería, inclusive las novedades de autores consagrados. Junto a la crisis absoluta de creatividad en el manga y la consabida repetición de esquemas del comic americano, el abuso de la etiqueta de novela gráfica está quitándole todo el sentido a las corrientes renovadoras que en los ochenta y noventa conquistaron, por fin, la consideración de arte para la narración gráfica.
Afortunadamente, para esos días en los que nos apetece dejar el dinero en alguna tienda de comic aún podemos confiar, mal que bien, en el criterio de los Premios Angulema. Como en los últimos tiempos me he hinchado a reseñar obras bastante decepcionantes, me he decidido por recuperar El señor Jean, el amor, la portera, uno de esos comic de los noventa que nos recuerdan el gusto por las historias sencillas y de calidad.
Contexto
La obra que hoy recomiendo es de 1991, una gran época para el comic. El manga atravesaba una renovación que le condujo a su mejor época, desde Marmalade Boy, Ranma ½ hasta los clásicos del ciberpunk, como Akira, Neon-Génesis Evangelion o Serial Experiments Lain. El comic americano, por su parte, pasaba por un momento espectacular con Sin City de Frank Miller, Watchmen de Alan Moore, o la etapa buena de Neil Gaiman.
En el comic europeo de los noventa –con la excepción de España, con su impulso creativo aún apagado tras treinta años de secano- se podían identificar dos grandes tradiciones renovadoras, la búsqueda de nuevas formas expresivas, característica de Moebius, de Andreas Martens, y las historias intimistas que trataban de acercarse a los dramas cotidianos, de las que El señor Jean, el amor, la portera es un buen ejemplo.
La obra
En El Señor Jean, el amor, la portera se narran las peripecias vitales del Señor Jean, un escritor treintañero y soltero. Sus creadores, Philippe Dupuy y Charles Berberian, son auténticas figuras en Francia, en donde han participado regularmente en televisión y en diversos foros mediáticos. El Señor Jean es su creación más famosa y ha creado escuela. Viene inmediatamente a la cabeza la influencia del trabajo de Dupuy y Berberian en otra gran figura del comic francés contemporáneo, Manu Larcenet, cuyo glorioso Combates Cotidianos también es un acercamiento íntimo a la vida de un artista.
Sin embargo, lo que reconforta de El Señor Jean, el amor, la portera es su humor desenfadado, ligero, y más cercano al amable retrato de Monsieur Heulot que al feísmo gráfico característico de la historieta estadounidense, representada por Harvey Pekar o Joe Matt.
En 1999 el cuarto tomo de las historias del Señor Jean recibió el premio Alph Art en el Salón del Comic de Angulema, lo que atrajo definitivamente la atención de Norma, que en 2000 se decidió a publicar este primer arco argumental del Señor Jean. Si no recuerdo mal, en España Norma ya ha publicado siete tomos del Señor Jean. En este primer tomo las historias son las menos comprometidas, y prácticamente nos limitamos a conocer al personaje, su relación con el arte, con las mujeres, con las fiestas, con algún amigo de lo más inadecuado y, por supuesto, con la portera, que no aprecia en absoluto ni su estilo de vida ni su soltería.
La complejidad de las narraciones va en aumento con el transcurso de los tomos, que indagarán cada vez más en la psique del Señor Jean y en la vida del artista. Pero nunca se abandona el tono ligero y divertido de esta primera obra, que demuestra que para hacer una gran historia no se necesitan ni grandes epopeyas, ni sufrimientos terribles, ni llenar de sexo cada página. Basta, simplemente, pues eso…, intentar hacer una buena historia, que le cuente algo al mundo, y que nos haga pasar un buen rato leyéndola. Tan fácil de decir y tan difícil de encontrar hoy en día.
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