Nos encontramos ante una obra de una vigencia inusitada, violenta, encabritada como una moto cuando parece que la tenemos controlada y nos hace un extraño, un grito, una protesta formal llena de rabia.
Ray Bradbury nos muestra hacia donde conducen los pasos en una visión a la vez pesimista y esperanzadora.
Montag, un individuo que se dedica a quemar los libros que originan el siempre peligroso pensamiento, cambia y se dedica a defender, lleno de curiosidad, lo que antes había atacado sin plantearse siquiera. Muy esquemáticamente, este sería el argumento del libro, pero hay multitud de temas candentes que nutren esta, corta en páginas pero extensa en contenidos, novela.
El jefe de montag, Beatty, será el encargado de intentar hacer volver al redil al hijo díscolo con las mismas armas que han sido la perdición de éste. Beatty es un personaje sumamente interesante, un hombre que conoce pero que escoge el no hacerlo, puesto que el conocimiento es peligroso, y no en el sentido fascista de único pensamiento, sino en el de la disensión mal entendida, el de la pedantería propia de los intelectuales. En toda la obra hay carteles con el aviso de peligro de este tema, incluso los poscritos profesores, vagabundos de la letras reconocen que, cuando se permitía el conocimiento de esta clase, lo utilizaban mal. Beatty es una faceta de Montag, quizá en el futuro, quizá tan sólo lo que pudiera haber sido.
Después tenemos al antagonista de Beatty, un viejo amante de los libros, Faber, que es la ejemplificación de la cobardía intelectual. Con medios, jamás había movido un dedo por la causa hasta que llega Montag, al que guiará más que metafóricamente, como veréis.
Montag, enmedio de estos dos extremos es la acción, el impulso, la rabia. Jamás ha pensado, jamás se lo ha permitido, porque el impulso está ahí, hará falta un desencadenante para que el rio subterráneo aflore llevándose todo por delante. Y ese impulso toma forma de cándida vecina, Clarisse Mclelland.
Montag está casado con Mildred, una adicta a la televisión a la que no conoce. Personaje sobre el que sustenta una atractiva reflexión de los peligros que conlleva el exceso de importancia de los medios de comunicación, normalmente se consigue todo lo contario.
Quizá alguien pueda pensar que es fácil tratar los temas que trata Ray Bradbury en esta novela, pero me gustaría recordar que ésta data de 1953, lo que le añade mérito a la misma.
Estilísticamente, destacar el lirimso del autor, siendo esto un arma de doble filo, de lo magistral se puede pasar a, como mínimo, la desorientación. En honor a la justicia decir que, aunque ronda en ocasiones la segunda, en global, se acerca más a la primera.
Disfrutadlo, es un libro que empieza al cerrar la última página.
Farenheit 451, Ray Bradbury.


