La mayoría de nosotros hemos conocido de la existencia de esta estupenda película gracias a su exhibición en el Festival de Sitges, en octubre del presente año. Jin-Roh es la última producción del Estudio IG que, con el inimitable Mamoru Oshii a la cabeza, ha realizado una película impecable desde cualquier punto de vista, pues tanto la parte técnica -destacando la soberbia animación como la banda sonora- como el guión son soberbios. Pero vayamos por partes y analicemos con más tranquilidad la película, para tratar de descubrir todo lo que encierra.

Jin-Roh está basada en una historia del manga Kenrou Densetsu, obra del mismo Oshii; el proyecto inicial del Estudio IG consistía en hacer una OVA de 6 partes, adaptando las seis historias de que constaba el manga original; sin embargo, por aquella época, Oshii estaba enfrascado en la realización de Ghost in the Shell; una vez acabada la película, y vistos los pingües beneficios que reportó a Manga Entertainment, la co-productora de Ghost in the Shell, ésta le propuso a Oshii el llevar a cabo otras colaboraciones en un futuro próximo. Oshii les propuso realizar la adaptación animada de Kenrou Densetsu, cosa a lo que Manga Entertainment no se negó, pues el manga se estaba publicando por aquellas fechas en Estados Unidos, pero al final se decidió realizar una adaptación para las grandes pantallas, en forma de película, desechando el formato de OVA. Posteriormente, Bandai, co-productora del proyecto, propuso a Hiroyuki Okiura, director de animación de Ghost in the Shell, como director, cosa a la que tanto Oshii -algo a disgusto, pues él quería tener el control sobre la historia y quería dirigirla- como Manga Entertainment no se negaron; así pues, al final Oshii ejerció las funciones de guionista, cosa que se me antoja conveniente, debido a que Oshii era el autor del manga original. El resultado, como no podía ser de otra forma, siendo Oshii el guionista, es una película en extremo realista, dura, muy compleja desde el punto de vista argumental y muy parecida a anteriores producciones del Estudio IG, como puedan serlo las dos películas realizadas a partir de Patlabor - con las que comparte el ritmo pausado y la ambientación realista y oscura -.

La historia, desarrollada en un pasado hipotético situado más o menos en 1955, en medio de una compleja situación social y política, tiene como protagonista a Kazuki Fuse, un soldado Panzer sumido en profundas contradicciones consigo mismo desde el momento en que ve cómo una niña estalla en pedazos ante sus ojos, niña a la que, pese a las órdenes de sus superiores, se ve incapaz de asesinar a sangre fría. Posteriormente, conoce a la hermana de esa niña, Kei Amemiya, y entre ambos personajes se desarrolla una compleja relación, marcada por las contradicciones morales de ambos personajes, y que acabará con el enamoramiento entre ambos. En medio de todo esto, se desarrolla una compleja intriga política, marcada por el interés de la CAPO -la Policía Capital- de fusionarse con las fuerzas centrales de la policía, cosa a la que los Panzers, grupo al que pertenece Fuse, se opone. A partir de aquí se desarrolla una intensa trama argumental, llena de sorpresas y giros argumentales, que siempre tienen en medio a Fuse, el mejor Panzer del cuerpo, en el ojo del huracán.

Fuse, como ya mencionamos antes, es un personaje harto complejo, lleno de contradicciones morales; por un lado, se ve obligado, por su condición de Panzer, a ser un asesino implacable, que no conoce los sentimientos, y que debe matar si sus superiores se lo ordenan. Pero a raíz de presenciar cómo una niña se suicida ante sus ojos haciendo estallar una bomba que tenía en su bolso, le surgen las dudas acerca de la moralidad de su trabajo, y empieza a hacerse preguntas. Esas dudas se acrecentan al conocer a la hermana de aquella niña, Kei Amemiya, y que, como aquélla es una "Caperucita roja" -término usado por el grupo terrorista llamado "La Secta" para designar a estas niñas suicidas-. Oshii triunfa de forma rotunda al mezclar tanto la intriga argumental como el desarrollo de la relación entre los personajes: ambas historias coexisten y se fusionan de forma perfecta a lo largo de la película, dando como resultado una película realmente espléndida desde cualquier punto de vista.

A esta brillantez argumental hemos de sumarle una brillante realización técnica. Hiroyuki Okiura, que anteriormente había participado con el Estudio IG en Patlabor 1 y Patlabor 2, puso un especial énfasis en el realismo; Okiura se declara un fan declarado de Katsuhiro Otomo, y de él toma prestado ese realismo en la historia y en la animación que caracterizan la filmografía del particular director nipón; estilo éste que, por cierto, casa a la perfección con el guión elaborado por Mamoru Oshii, serio, implacable. La animación de Jin-Roh es fluida, realista en extremo, combinando tanto las técnicas tradicionales de animación con el ordenador, pese a la inicial oposición de su director, que se vio convencido por el director de animación, de utilizar el ordenador de forma que no se notase demasiado. Otro de los puntos a destacar de la película es el apartado sonoro; Hajime Mizoguchi, conocido por sus colaboraciones junto a la popular Yoko Kanno en bandas sonoras como Escaflowne o Brain Powerd, lleva a cabo una brillante labor de composición, firmando una banda sonora íntima, melancólica, con una orquestaciones realmente brillantes que casan a la perfección con lo que se nos narra en la película.

En definitiva, no puedo dejar de recomendar Jin-Roh a todo aquél buen aficionado al cine de animación de calidad, ese que te hace pensar, que te mantiene agarrado a tu sillón o butaca por la brillantez del planteamiento y del desarrollo del mismo. En definitiva, un must have para todo aquel buen aficionado al género. La obra ha sido exhibida con notable éxito en España y Francia, país que se marcó un tanto al editar el DVD de la misma antes que en Japón, país éste en el que el lanzamiento de la película se vio retrasado unas cuantas veces al ser la voluntad de los productores el exhibirla antes en diversos festivales por todo el mundo. Por todo ello, no creo que tardemos demasiado en verla por nuestros lares -ojalá no me equivoque-.

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