El director Steven Spielberg nos trae su nueva película, esta vez protagonizada por Tom Cruise, con quien ya rodó Minority Report, Dakota Fanning y Justin Chatwin, con una introducción extraída de la novela orginal y narrada por Morgan Freeman.
Ray Ferrier (Tom Cruise) es un modesto conductor de gruas en un muelle de New Jersey. Su exmujer, Mary Ann (Miranda Otto), se va a pasar el fin de semana con su actual pareja, Tim (David Alan Basche), a casa de sus padres en Boston y le deja a su cargo a sus hijos, Robbie (Justin Chatwin) y Rachel (Dakota Fanning). La relación de Ray con sus hijos no es demasiado buena, Robbie es un adolescente algo rebelde que le echa en cara que no se ocupa de ellos y Rachel es una niña muy inteligente para su edad y algo sabelotodo.
Mientras todo esto sucede, una gigantesca tormenta eléctirca se ha ido formando en el cielo que presenta un aspecto aterrador a la par que fascinante. Varios rayos caen del cielo impactando en un mismo lugar y provocando que todos los aparatos eléctricos se paren, desde relojes hasta vehículos. Ray decide ir al lugar del impacto, donde otra mucha gente se ha congregado con gran interés. El suelo empieza a temblar y en medio de un tremendo temblor surge una enorme máquina cuyos rayos lo destrozan y calcinan absolutamente todo.
A Ray no le queda más remedio que huir con sus hijos y alejarles de la destrucción llevándoles al único lugar que se le ocurre, con su madre. Pero lo que les depara el camino es aún más aterrador.
Basada en la novela homónima de ciencia ficción de H.G. Wells y guionizada por David Koepp, La Guerra de los Mundos es una adaptación bastante fiel al original aunque trasladada de Inglaterra a Estados Unidos. Este traslado de situación geográfica viene acompañado de cierta exaltación patriótica que no acaba de casar con la crítica de H.G. Wells a la prepotencia humana, pero que se compensa con alguna que otra sutil crítica a la propia sociedad norteamericana, incluida alguna referencia de corte casi cómico al pánico terrorista.
Probablemente lo más acertado de la película sea el uso de la cámara que realiza Spielberg, que sitúa al espectador como si fuera un miembro más de la familia Ferrier. Siempre huyendo, escondiéndose junto con ellos de los rayos alienígenas y las explosiones. El ritmo es frenético y capta la atención del espectador que casi contiene la respiración ante los devastadores efectos del ataque que se nos muestran casi con temor, como evitando mirar atrás. Es precisamente este modo de filmar, que nos introduce perfectamente en cada escena, el que lo distingue de otras películas de invasiones alienígenas como Independence Day o Señales con las que, por lo demás, guarda bastante semejanza.
Las actuaciones de los protagonistas son en general pasables. Tom Cruise, pese a no ser un actor de mi devoción, encaja bien en el papel de padre poco preparado y se muestra creíblemente desorientado, asustado y desesperado. Dakota Fanning resulta en algunos casos de un histérico insoportable, pero resulta bastante más creíble que a una niña de su edad le entre pánico que no la típica niña de película que aguanta el tipo de forma casi impasible. Por lo demás es de destacar el oscuro y lunático personaje que interpreta Tim Robbins.
Poco más se puede decir de una película que casi con toda seguridad está destinada a ser el taquillazo del verano. Basada en una novela cuyo éxito la ha llevado a ser interpretada en musicales, en radio y en cine, con un buen reparto y mejor dirección, excelentes efectos especiales,... Todo lo que se le puede pedir hoy en día al cine de Hollywood e incluso más.
Para aquellos que no puedan esperar a ver la película en la Web Oficial hay un juego on-line gratuito bastante adictivo, en el que deberéis sobrevivir a la invasión alienígena.


