Que Tim Burton tiene la fórmula del éxito es indudable, a saber: cuento de persona diferente que encuentra a otra persona diferente y su común amor les redime y salva,amén de un diseño de personajes tan acertado que hace dudar si no se hace antes el merchandasing que los personajes y una música (¡Danny Elfman al ataque!) de gran belleza.
A veces, aún conociendo los ingredientes, no se acierta con sus proporciones; lo que llamaríamos el elemento azarístico de la obra de arte, eso que escapa al artista y que hace arte a todo aquello que denominamos como tal; y no surge el milagro. Las desproporciones pueden provocar diferentes efectos, dependiendo de los elementos que se hallen afectados por ella: un exceso de esteticismo malogró Charlie y la Fábrica de Chocolate, ni decir tiene de El Planeta de los Simios...

Pues bien, Burton halla en esta película, de nuevo, la medida justa, como hizo en Pesadilla antes de Navidad, referente claro de ésta. La historia, conmovedora y sencilla, está bien narrada, hasta mantiene cierto suspense en su resolución (si no eres muy avezado, es verdad). Los personajes son encantadores, simpáticos, odiosos, según corresponda e incluso hay un atisbo de vivisección social que siempre es de agradecer. Ah, y también los típicos números musicales, que por algo estuvo trabajando en Disney...

Para disfrutarla.

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