Título: La Oruga
Título Original: Imomushi
Autor: Suehiro Maruo, basado en la historia de Edogawa Rampo
Editorial: Glénat
Tapa blanda - 15x21 cm.
144 páginas
12 euros
Edogawa Rampo, cuyo nombre verdadero era Hirai Tarô, es uno de los escritores japoneses del siglo XX más reconocidos. Admirador de Edgar Allan Poe, de quien toma prestado su seudónimo, Rampo jugó un papel determinante en el desarrollo de la literatura de misterio. En concreto, obtuvo mucho éxito con las historias protagonizadas por el detective Kogorô Akechi y otras obras de corte detectivesco. Entre sus relatos encontramos La extraña historia de la Isla Panorama, adaptada recientemente por Suehiro Maruo al cómic. Al parecer, Maruo ha encontrado en las obras de Rampo un material de partida interesante para continuar desarrollando su particular estilo y hoy comentaremos la última obra del autor, La Oruga, editada por Glénat.
La Oruga se basa en el relato corto del mismo título escrito por Rampo en 1929. La historia se centra en un veterano de la guerra que vuelve a su hogar terriblemente herido (con los brazos y las piernas amputados, sordo, mudo, el rostro deformado) y en su mujer, Tokiko, la encargada de cuidarlo. El relato sufrió la ira de los censores japoneses, que vieron en esta historia una crítica hacia la campaña bélica japonesa y ordenaron su prohibición. Además de la versión que nos ofrece Maruo, este relato también ha sido adaptado recientemente a la gran pantalla en una película dirigida por Kôji Wakamatsu, famoso por sus pinku eiga (películas de alto contenido sexual y violento).
Maruo adapta fielmente la trama argumental del cómic y sitúa la acción en 1905. Así, el relato comienza con la mujer del teniente Sunaga, Tokiko, visitando a su superior, el cual agradece sus desvelos y sus atenciones para con el malherido soldado poniendo de manifiesto lo difícil que debe resultar dicha tarea. Cuando Tokiko vuelve a su hogar descubrimos el terrible estado de su marido, incapaz de moverse por sí mismo, de comer, de limpiarse o de hacer nada. Ni siquiera puede hablar y se comunica a través de notas que escribe sujetando un lápiz con la boca. Depende completamente de su mujer, la cual no duda en colmar todas sus necesidades, incluidas la sexuales por muy repulsivo que sea su aspecto. A partir de aquí el relato introduce un flashback que nos lleva al momento en que el teniente Sunaga regresa de la guerra y vemos la reacción inicial de su mujer al conocer su estado. Abandonado por su familia y con una pensión ridícula, el matrimonio se convierte en una pareja de marginados. Cuando el relato vuelve a la situación inicial, Maruo nos muestra cómo la relación de estos personajes tan extremos se va tensando hasta que alcanza un punto insostenible.
Sin duda, gran parte del atractivo de este cómic se basa en la situación tan intensa que plantea y la magnífica construcción de estos personajes atormentados. En cierto sentido, tanto el teniente Sunaga como su mujer son víctimas de la guerra. Él, un apuesto general que arriesga su vida por la nación, vuelve convertido en un despojo humano más similar a una oruga que a un hombre. Ella, atormentada por no haber sido capaz de engendrar un hijo, por la espera y la incertidumbre ante el regreso de su marido, y por la tarea que debe realizar, termina volviéndose loca. Tanto en el plano físico como en el emocional, nos encontramos con personajes al límite que dan rienda suelta a una relación enfermiza. Tokiko cuida de su marido tullido con el mismo cuidado y mimo con el que trataría a un bebé, pero también es una mujer pasional, hambrienta de sexo por culpa de la larga ausencia de su marido. Maruo transmite esta situación tan tensa de forma magistral a través de un sofisticado dibujo y multitud de escenas y viñetas de alto contenido metafórico.
La Oruga es una muestra perfecta del talento de Maruo como dibujante. Este talento, presente en la gran mayoría de sus obras, consiste en un dibujo realista, elegante, detallado y sutil que podría llegar a resultar muy hermoso si no estuviera al servicio de la mostración de lo desagradable, lo enfermo, lo sucio, lo malsano y lo siniestro. El dominio de la narrativa gráfica es un hecho palpable en el modo en que presenta al personaje del tullido, pues juega con el deseo del lector de ver (y, al mismo tiempo, no ver) la deformidad del personaje. Primero nos lo muestra vestido, luego desnudo (haciendo hincapié en sus muñones de forma gráfica) y más adelante lo vemos inmerso en sus juegos sexuales con su mujer. En este sentido, cabe destacar cómo el encuentro sexual, un acto íntimo, sano y necesario, aparece cargado de connotaciones negativas. Más allá de la deformidad del hombre, existe algo extremo, irracional y malsano en el modo en que él y su mujer se dan a la entrega carnal, como si ello fuera el único medio de mantener su humanidad. Del mismo modo, también debemos destacar las diversas escenas surreales, oníricas o simbólicas que pueblan todo el cómic. Y es que Tokiko sufrirá diversas pesadillas provocadas por el estado su marido en la que penes, insectos y orugas de aspecto grotesco cubren las páginas de la obra. La inclusión de canciones, monjes budistas y acontecimientos de mal agüero señalan continuamente al inevitable final trágico de la obra.
La obra de Maruo se publicó entre los números de junio y septiembre de 2009 de la revista Monthly Comic Beam, aunque en su recopilación en tomo se han realizado retoques y añadidos. La edición de Glénat es idéntica a la de La extraña historia de la Isla Panorama y cuenta con cuatro páginas a color. La traducción corre a cargo de Marc Bernabé y las onomatopeyas están traducidas en su mayoría. Si bien es cierto que la obra es más breve que los otros títulos de Maruo aparecidos en nuestro país (unas 142 páginas), la intensidad del relato está fuera de toda duda.
La Oruga es, sin duda, una obra para adultos (y adultos no demasiado sensibles) puesto que las escenas de sexo, el cuerpo mutilado del protagonista y la malsana relación de la pareja pueden llegar a impactar a algunos lectores jóvenes. Aun así, es un cómic plenamente recomendable para los fans de Maruo y aquellos que quieran explorar la profundidad psicológica y emocional que puede generar la narrativa gráfica. Visualmente atractiva, parece obvio que el universo de Rampo casa a la perfección con la imaginación siniestra de Maruo. Así pues, esperemos que esta colaboración vuelva a darse en un futuro próximo.
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