¿Comic o Novela Gráfica?


En los últimos años el mercado comiquero se ha saturado de obras publicadas bajo el rótulo genérico de “novelas gráficas”. Como es sabido, Contrato con Dios de Will Eisner es considerada la primera novela gráfica, aunque habría que atender a los años sesenta para comprender su génesis, que podría rastrearse en el comic de autor, en Francia, y en el underground de Estados Unidos. Maus de Spiegelman consolida el uso del término y favorece que se asocie novela gráfica con obras de “no ficción”. Así, los géneros periodístico (Joe Sacco, Guy Delisle…) y autobiográfico (Altarriba, Craig Thompson…) se convierten en el terreno predilecto de la novela gráfica.

En los últimos tiempos las editoriales han tratado de exprimir la popularidad del término aplicándolo a cualquier producto que reclame un marchamo de prestigio que, al parecer, el mundo del comic no merece por sus propios méritos. Tal parece que cualquier obra publicada en un formato de cierta enjundia, dirigida a un público adulto, reciba como distintivo de calidad el sello de novela gráfica. En este sentido se puede sospechar que pervive, aún en las editoriales, cierto desprecio por las posibilidades expresivas del comic. Se ha establecido una distinción de facto entre la “Gran Crítica” que separa el comic y el manga de la novela gráfica, como si fuera necesario demostrar al público que hay un sector del comic que sí merece su atención y su respeto. Como si el comic necesitara convertirse, para ser tomado en serio, en algo más –o en algo menos- que un simple comic.

Creo que los aficionados al comic tenemos derecho a “rebelarnos” frente a la difusión inmoderada de esta etiqueta. Creo que podemos mirar con cierto desinterés a críticos que tratan al manga como una forma de fanatismo juvenil y reservan sus halagos para novelas gráficas que, en muchos casos, no soportan la comparación con autores como Naoki Urasawa. No todas las novelas gráficas son tan grandiosas como Blankets, y hay verdaderas joyas tanto en el comic de superhéroes como en el conjunto del manga.

En definitiva, lo que algunos reclamamos es el respeto para el comic, para el arte secuencial en su conjunto, y sin condiciones. Es desde este punto de vista que quisiera referirme a la obra que me dispongo a reseñar, Los Combates Cotidianos. Llamémoslo comic, álbum, tebeo, novela gráfica, novela ilustrada, álbum… Llamémoslo como queramos, pero Los Combates Cotidianos es una porción de arte, un maravilloso pedazo de literatura que merece la pena degustar sin verse limitado por absurdas delimitaciones.

Los Combates Cotidianos: Multitud de Miradas


Manu Larcenet, autor del autobiográfico Los Combates Cotidianos, construye un relato tan denso –y a la vez tan ligero y desenfadado- que permite varias fases interpretativas. El resumen que figura en la contraportada de la edición de Norma nos permite el acceso a la capa más superficial de este libro.

“El gato se rompe una pata. Un ataque de ansiedad. Poner una lavadora. Buscar empleo. Huir del ruido de la ciudad. Tender la ropa. Padre enfermo. Hacer de canguro de tu sobrina. Tu pareja y tú. Buscar una casa. El trabajo… Cada día hay una nueva lucha, cada día un nuevo combate.”

Si atendemos a este resumen casi podríamos asimilar Los Combates Cotidianos al cajón de sastre del anime, el llamado “recuentos de la vida”. Y es cierto, este comic trata sobre asuntos cotidianos, algunos anecdóticos, divertidos, amables; otros, catastróficos, auténticas puñaladas de la vida. Marco es un fotógrafo bloqueado que sufre de ataques de pánico y que busca reencontrarse con su capacidad creativa rastreando sus orígenes, tanto familiares como su propia vocación artística.

La trama de Los Combates Cotidianos se teje a partir de la capacidad de Marco para madurar como persona e incorporar las experiencias traumáticas en su personalidad. Uno de los mejores personajes que se han imaginado para un comic, y la honesta mirada de Marco –no olvidemos, alter ego de Manu Larcenet- prácticamente justifica el viaje propuesto por el autor. Además, a Marco se le rodea de un reparto de secundarios que le acompañan en su viaje de descubrimiento sin convertirse en comparsas. Su hermano y la mujer de su hermano, su novia, sus padres y algún otro personaje que aparecerá, apoyarán a Marco sin perder de vista sus propias necesidades. La historia de Larcenet se centra en Marco, pero nos permite, en varias ocasiones, entrever los nudos tejidos por la interacción entre los protagonistas y sus objetivos vitales.

Aparte de ser una historia de maduración, contada con delicadeza y humor, Los Combates Cotidianos destaca por su estupendo aspecto gráfico y por la audacia narrativa de Manu Larcenet. El dibujo no es especialmente detallado, pero sí brillante, expresivo, y apoyado por un manejo del color fabuloso. En el aspecto narrativo Manu Larcenet demuestra su impresionante calidad como contador de historias. Elige siempre, huyendo de pirotecnia gráfica-, la viñeta más apropiada, la más coherente con el momento psicológico de Marco y la que más nos puede ilustrar sobre la vida interior de los protagonistas.

Por último, en Los Combates Cotidianos hay que destacar la profundidad sociológica con la que Manu Larcenet aborda el complejo contexto político de Francia en la época de la victoria de Sarkozy. El padre de Marco había sido obrero en una fábrica en la que la lucha obrera ya no es capaz de contener el proceso de deterioro del tejido industrial francés y de las condiciones de vida de las clases populares. Frente al ataque de la derecha, la “vieja” clase obrera está desorientada por la pérdida de horizonte revolucionario y ha perdido el control de su vida. Las calles del barrio se llenan de inmigrantes, los sindicatos son engranajes del sistema, la izquierda ha perdido gran parte de su vitalidad y la juventud no es consciente de los peligros de la falta de conciencia de clase. En este contexto, los mensajes de la ultraderecha de Le Pen calan entre los trabajadores de todo el país, y Manu Larcenet nos cuenta, a través de Marco, el drama de personas dispuestas a renegar de sus ideales a cambio de que alguien les garantice que hay un enemigo y una solución, sea la que sea. El análisis del drama ideológico de la clase obrera en el siglo XXI que realiza Manu Larcenet es fino y muy atinado, con algunos comentarios que revelan una reflexión profunda.

En definitiva, Los Combates Cotidianos es uno de los mejores comic que se pueden encontrar en las tiendas hoy en día. Es tanto un retrato social de la Francia del siglo XXI como la búsqueda de la felicidad, dibujado con estilo y narrado con auténtico talento. Una joya.

Ficha técnica

Los Combates Cotidianos
Autor: Manu Larcenet
Editorial: Norma Editorial
Formato: Cartoné, 19x26, 264 páginas.
Fecha: Septiembre de 2010
PVP: 24,95 €

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