Título: Orgullo de Samurai
Título original: Soregashi kojiki ni arazu
Autor: Hiroshi Hirata
Traducción: Marc Bernabé
Editorial: Glénat
Género: Gekiga, Samurais
Páginas: 215 páginas
Precio: 12 euros
El valor del orgullo
Actualmente, la imagen que tenemos en el mundo occidental de la sociedad japonesa se caracteriza por su fuerte jerarquización y su rígida ordenación social. Ya sea en el colegio, la universidad, el trabajo o incluso en organizaciones al margen de la ley como la yakuza, los japoneses parecen vivir sometidos a los designios del grupo y condenados a obedecer a sus superiores sin cuestionar en absoluto lo que hacen. Esta característica social, que algunos encuentran sorprendente y otros incomprensible, puede rastrearse en la historia japonesa hasta la época feudal, la era de los samuráis.
Los samuráis solían vivir bajo las órdenes de un daimyo, un poderoso señor que poseía grandes extensiones de tierra y contaba con gran poder político y económico. Al ser una sociedad estamental, cuando un niño nacía en el seno de una familia de samuráis, era entrenado como tal para que continuara el legado de su estirpe. Así, junto con los valores de la casta también se le inculcaba la lealtad al gran señor y el código de honor de los samurais. En concreto, un samurai debía velar por mantener una vida digna y honrada acorde con sus principios morales pero, tal y como ocurre entre la especie humana, eran pocos los que conseguían seguir estos preceptos.
La visión que tenemos hoy día de los samuráis se funde con la fantasía y la nostalgia. Nos encontramos con muchas películas, novelas o cómics que presentan a estos guerreros como nobles soldados de gran honor capaces de abrirse el vientre sin pestañear tan sólo por reparar una falta cometida, por mostrar su indignación o por seguir las órdenes de sus superiores. Sin embargo, entre los samuráis también hubo hombres crueles, ambiciosos y sin escrúpulos que aprovecharon su puesto para cometer todo tipo de crímenes y barbaries.
Hiroshi Hirata, veterano autor de cómics y gran representante del gekiga manga, se ha convertido a lo largo de su carrera en un experto cronista de la época feudal. Sus cómics recogen en muchos casos una detallada investigación sobre hechos, personas y acontecimientos que la historia ha ido dejando atrás. No obstante, y a pesar del realismo que impregnan sus páginas, muchas de sus historias contribuyen a acrecentar la figura arquetípica del samurai. En esta ocasión comentaremos Orgullo de Samurai, un tomo único que recopila seis historias autoconclusivas. Las cinco primeras historias datan de los años 1970 y 1971 mientras que la última, algo más breve y de estilo distinto, fue realizada en 1981.
Tal y como indica el título del volumen, estas historias se centran en el orgullo de determinados samuráis que, siendo testigos o encontrándose inmersos en una situación injusta, deciden desobedecer a sus superiores y actuar por sí mismos. Como hemos visto, la rebelión y la individualidad no es un rasgo propio de la sociedad japonesa por lo que estos hombres que desafían la autoridad son ensalzados por Hirata como ejemplos de justicia, integridad y templanza. Como es habitual en la obra de este creador, encontramos historias muy bien narradas en las que conocemos de primera mano cómo vivían los samuráis de la época feudal y a qué obligaciones se veían sometidos. Hirata nos sumerge en un tiempo pasado gracias a su detallado y preciso dibujo para narrarnos pequeños relatos repletos de las grandezas y las miserias humanas.
Así, la primera historia se titula “Antes prefiero la muerte” y trata sobre una samurai que, indignado contra la ley que ordena asesinar a cualquier vagabundo, termina adoptando en su propia casa a decenas de jóvenes que carecen de hogar. Sus superiores no ven con buenos ojos tal acción y le ordenan que se deshaga de ellos. El samurai no da su brazo a torcer y es obligado a luchar contra treinta hombres él solo. La segunda historia se llama “No soy un mendigo” y resulta especialmente impactante. Este relato está protagonizado por un humilde samurai con grandes deudas que apenas tiene lo suficiente para vivir. Su esposa muere y lo deja al cargo de sus seis hijos. Aunque muchos familiares insisten en ayudarle acogiendo a alguno de los niños, el samurai no da su brazo a torcer a pesar de no contar con nada que llevarse a la boca. Poco a poco los niños más pequeños van muriendo de hambre pero el samurai continúa negando cualquier ayuda. Su extremo orgullo le lleva a asesinar a sus hijos antes de seguir viéndoles morir. Tal acción horroriza a su señor, que ordena un cruel castigo para hacerle suplicar como un mendigo.
La tercera historia, “Una mujer problemática”, también es ciertamente dramática por incluir una trama amorosa. En este capítulo un samurai recibe la orden de casarse con la hija del señor de un feudo vecino. Esta mujer posee un olor corporal tan fuerte e intenso que asquea a todo el que está junto a ella y, a pesar de haber intentado varios remedios, es imposible aliviarlo. El samurai, que ya había concertado matrimonio con otra mujer, se ve obligado a anularlo para tomar como esposa a la desgraciada y olorosa dama. A pesar de que nunca dejará de amar a su prometida, este samurai pondrá todo su empeño en hacer feliz a su futura esposa. La cuarta historia se titula “El secreto del cañón” y se centra en el hijo del señor de un clan de samuráis que utilizan armas de fuego. Al ser incapaz de manejar los cañones más pesados, el hijo es desheredado y el mando del clan recae sobre su cuñado. Una disputa sobre si es más poderosa la espada o el arma de fuego hará que este samurai deba enfrentarse, armado únicamente con cañones, contra varios espadachines a pesar de su torpeza con el manejo de dichas armas de fuego. La quinta historia, “El honor y la lanza”, es un ejemplo del extremo que puede alcanzar la maldad humana. El protagonista es un samurai que debe convivir con un hermanastro del señor feudal y, dado su parentesco, tolerar todas y cada una de sus crueldades: desde insultos hasta la violación de su propia madre. Poco a poco sus crímenes van creciendo hasta que el samurai no puede contenerse más y lo desafía a un duelo. La sexta y última historia, “Nadie desea que estalle la guerra, pero…” es una pequeña recreación de la batalla de Sekigahara con muchos detalles históricos pero narrada con tal celeridad que apenas podemos familiarizarnos con los personajes.
Como es habitual, el dibujo de Hirata es muy detallado y realista. Su narrativa gráfica es bastante fluida y consigue involucrar activamente al espectador en la narración gracias a su planificación, su sentido del ritmo y la gran carga dramática de sus historias. También encontramos algunas viñetas sangrientas y violentas, especialmente aquellas relacionadas con los combates o las batallas más truculentas. Merecen una mención especial su tratamiento de las ropas de los personajes así como la recreación de los poblados, los castillos y las casas de los samuráis.
La edición de Glénat es idéntica al resto de volúmenes de Hirata ya publicados, con papel de buena calidad, gran traducción y una impresión nítida. Sin embargo, cabe señalarse que este tomo tiene menos páginas que otras obras del autor, no incluye ninguna página a color ni tampoco trae los habituales anexos con información o comentarios del autor. Esto último es toda una lástima puesto que dichos añadidos suelen enriquecer mucho la lectura de la obra. Aun así, resulta estupendo observar cómo van aumentando las obras de Hirata en nuestro país ya que este Orgullo de Samurai se une a los otros tomos ya editados por Glénat, Héroes anónimos, Relatos insólitos de samuráis y Promesas Rotas, así como a la serie de cinco tomos de Dolmen Satsuma Gishiden.
En definitiva, Orgullo de Samurai es una gran obra que ofrece lo mejor de Hirata y que hará las delicias de todos sus seguidores. Probablemente se trate, junto con Héroes anónimos, de una de sus obras más asequibles e interesantes para aquellos que busquen introducirse en su obra. Sin duda, todos aquellos interesados en el Japón feudal y en los samuráis deberían leer esta obra porque en ella podemos percibir, a pesar de la lejanía histórica y cultural, un pequeño atisbo de la grandeza de aquel tiempo.
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