La principal sensación que tuve cuando entré al recinto de La Farga este año fue de vacío y de extrañeza a la vez. Vacío porque se notaba que había demasiado espacio para tan pocos stands montados, y extrañeza ante la ausencia de varios factores que habían estado presentes en otros salones que se echaban a faltar, por no hablar de la falta de novedades editoriales en cuanto a manga se refiere -apenas Mint na Bokura, por parte de Planeta-. Estuvimos unos cuantos hablando con gente que había por ahí y nos avisaron que este año, por falta de presupuesto -no había subvención pública este año-, no habría exposiciones, ni habría autor invitado. Lo de la ausencia de autor invitado era algo ya conocido, y exculpable a la organizadora del evento en cuestión, Ficómic, pues es francamente caro traer a un autor japonés, y más teniendo en cuenta todo lo que ello conlleva en cuanto a gastos de alojamiento, manutención, etc -y más si pensamos que no sólo viene ese autor, sino que lo más probable es que con él venga su familia, su editor, etcétera- . Lo que sí me extrañó negativamente fue la ausencia de exposiciones en esta edición del Salón, y más teniendo en cuenta que la causa aducida era la falta de presupuesto. Bueno, no es que sea un experto en exposiciones, pero digo yo que no debe ser muy caro coger cuatro vitrinas y coger material de algunas personas que se ofreciesen a exponerlo (que las había, me aseguraron). Vamos a ser francos, las exposiciones en los Salones siempre han tenido carácter menor, pero creo que su presencia es necesaria, más que nada para mantener viva la llama de la afición entre los otakus más recientes, que se han subido al carro a raíz de las últimas emisiones de anime en la pequeña pantalla, y que no tienen demasiado conocimiento de algunos temas, por su reciente llegada al mundillo. En fin, un tanto negativo que apuntar al Salón.

Una vez dentro, uno se da cuenta que la gente se sigue planteando el Salón no como un salón en sí, donde dar a conocer y promocionar un determinado tipo de afición, en este caso el cómic y la animación japonesa, sino como una feria en la que poder encontrar el merchandising deseado. No digo que haya nada de malo en eso, pero creo que un evento de estas características debería servir para algo más que para comprar sin parar. Ojo, que no digo que sea malo comprar, sólo digo que no ha de convertirse en el 'leit motiv' de un Salón, como sucede en estos eventos. Pero bueno, esto es algo característico de todos los salones, y es seguro que mis quejas caerán en saco roto. Al menos se agradece el esfuerzo de Ficomic en dotar de algo más de vidilla al Salón -en comparación con el Salón del Cómic de mayo- organizando los concursos de karaoke y de cosplay que, francamente, son lo mejor del Salón. En cuanto al cosplay, se nota el esfuerzo de la gente en hacerse disfraces cada vez mejores, y llevar a cabo coreografías en el escenario acordes con el disfraz que llevan; pese a que ya sabemos la política que se sigue en cuanto al otorgamiento de premios, lo mejor es el esfuerzo de la gente en hacerse disfraces cada vez más originales -mención especial aquí para el chico que ganó el primer premio, un EVA-01 que estaba realmente bien, o para los chicos que iban de las hadas nupciales de Wedding Peach, que, aunque no ganaron, en mi opinión se merecieron un premio por lo buenos que eran sus disfraces-.
En cuanto al karaoke, en mi opinión es una buena idea, pero que se ve deslucida por dos factores: una, la poca variedad en cuanto a canciones -se notaba mucho que se cantaban las mismas canciones que el año pasado-. Francamente, oír siempre el opening de Mazinger Z, el Give a Reason, de Slayers o el Moment, de Marmalade, ya cansa. No creo que sea tan difícil traer un equipo de música, coger un CD, y que la gente cante por encima, al menos así se podría aumentar muchísimo la variedad de canciones, y con ella la diversión general. El otro factor a tener en cuenta es el atronador volumen del karaoke, que en muchos momentos lo convierte en insoportable -sobre todo para los que, como yo, estábamos en la zona de fanzines-, pero en fin, eso es algo de difícil solución.

En cuanto a mesas redondas y sala de proyecciones, poco que decir, la verdad. Se agradece el esfuerzo que se hace en traer al menos anime inédito de última hornada para que los aficionados lo puedan disfrutar, pero se agradecería que fuesen algo más estrictos en el cumplimiento de los horarios -ya en la primera proyección hubo un retraso de 20 minutos-.

En definitiva, que me pareció un Salón algo falto de la vidilla que tenían anteriores ediciones -supongo que la falta de subvención pública repercutió en la baja calidad del Salón-. Aunque bueno, yo me sigo planteando el Salón como un sitio en el que ver a la gente de fuera de Cataluña que hace el esfuerzo de hacer el viaje a Barcelona por su afición, y a la que sólo ves de tanto en tanto. Por ellos sí que merece la pena venir al salón, ellos son la verdadera alma del mismo. Y no tengo nada más que decir, hasta el siguiente artículo.

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