El anime es el primo bastardo y repelente de los cines españoles. Y si no que me digan a mi porque las películas de animación japonesa tienen este trato tan discriminatorio frente a otras producciones, animadas o no, del resto del panorama cinematográfico mundial.
Porque hay gente que lo sabrá, pero Metrópolis ha pasado, con pena y sin gloria, por algunas salas de cine de España. Seguramente muchos de vosotros no la pudisteis ver en Sitges y sentíais curiosidad (o la "obligación moral" de ir a ver una película de anime) pero por lo visto este tipo de productos no llaman la atención de los aficionados al séptimo arte, por lo que no se le ha tratado con el más mínimo respeto, dándole un poco de publicidad para que, al menos, todos aquellos que no estén al tanto de estos estrenos tengan la oportunidad de elegir entre verla o no.

Cierto que Metrópolis no es, afortunadamente, Titanic (por poner un ejemplo de película famosa) y no cuenta con el astronómico presupuesto en publicidad que da la posibilidad de inundar las calles de carteles y las televisiones de anuncios de televisión, etc? pero al menos un mínimo de respeto hacia un producto que tiene su público y que, si bien no será un super taquillazo, puede ser más o menos rentable.

En cambio nos encontramos con una publicidad inexistente (con reseñas, algunas de ellas muy positivas, en revistas de cine) y apenas una semana para ver la película y sólo en un cine, almenos en Barcelona. Un resultado muy triste, teniendo en cuenta que a veces se sobrepublicitan productos bastante lamentables.

Esta no es la primera (ni será la última, lamentablemente) película que se pasará por los cines españoles de manera pseudo clandestina. También pasa con los lanzamientos en video y DVD. Buenavista, por poner un ejemplo de empresa que da mucha publicidad a sus productos, apenas publicitó Nicky, y en cambio te anuncian en todos sitios segundas partes de películas que están a años luz de las obras de Miyazaki. Y estamos hablando de una empresa que, en principio, luchó y peleó para conseguir esos derechos y que debería publicitar esas películas (que además son de una calidad indiscutible) para tener cuanto más éxito mejor. Tampoco quiero decir que lancen una campaña de merchandising a nivel nacional (y que nos encontremos muñecos articulados de la película en los menús de cualquier fast food) pero almenos un poco de educación y respeto no estaría de más.

Me gustaría ser optimista, pero de momento no albergo muchas esperanzas con Sen to chihiro no kamikakushi, la última película de Miyazaki hasta la fecha. A ver si el premio (ex aequo, pero premio al fin y al cabo) que recibió en Berlín, hace que esta película se de a conocer mínimamente y la gente pueda disfrutar de anime del bueno.

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