A caballo entre el remake y la continuación de la historia original, el director Bryan Singer (Sospechosos habituales, X-Men 1 y 2), se atreve a revisitar el clásico de Richard Donner (1978) obviando las dos últimas películas de la tetralogía protagonizada por el desaparecido y recordado Christopher Reeve. (Pero, ¿por qué "las dos" y no "las tres", al fin y al cabo? La respuesta a esa pregunta se encuentra agazapada en la trama en forma de sorpresa, que será recibida con desigual entusiasmo)

Las comparaciones, aunque odiosas, son muchas veces inevitables, y en este caso hasta necesarias, porque el propio Singer bebe sin ambages del primer Supermán para modelar el suyo.

En este punto, convendría recordar brevemente que la obra original supuso un enorme éxito mundial, contando con varios de los efectos especiales más sofisticados de la época, inolvidable banda sonora de John Williams (cuyo tema principal se ha recuperado como estandarte para la ocasión) y un soberbio guión. En conjunto, esa gran película continúa manteniéndose sólida y emocionante, permitiendo revisiones periódicas "sin despeinarse" al igual que sucede con nuestro buen extraterrestre.

El primer aspecto a sortear delante y detrás de la pantalla, el reparto, finalmente no ha supuesto un problema, una vez superada por el público la sorprendente juventud de todos los personajes y la obligada adaptación a los tiempos actuales de las calles de Metrópolis o la redacción del Daily Planet —es asombroso redescubrir lo que ha cambiado el mundo en los últimos 25 años—.

Brandon Routh se parece a Reeve, en su boca aflora también la honestidad de aquella sonrisa y, en el rol de ciudadano Kent, uno acaba casi por olvidarse de que realmente "este es otro Clark". Tratándose de una nueva encarnación del mismo héroe, Routh sabe transmitir tanto la confianza del superhombre como ese aire de inseguridad exhibido por el gris periodista.
Quizá debido a la dificultad de imponer un nuevo rostro ante el público en sustitución de otro bien conocido, se ha optado en esta ocasión por exaltar con esmero los atributos icónicos de este superhéroe, otorgándoles una particular relevancia (capa, emblema, rizo del pelo, etc.)
¿Hay algún distintivo novedoso en este Supermán? Algunas voces han señalado un componente religioso, para más señas católico, que vendría dado por el envío de Kal-El a la Tierra para iluminar el camino de los hombres y la repetida frase "el hijo se convertirá en padre, y el padre en hijo", así como por una serie de tomas en las que el héroe flota, suspendido, con los brazos convenientemente extendidos en ademán similar al de Jesús. Personalmente, opino que es algo cuya apreciación depende del gusto del consumidor. Supongo que advertir —o no— un tinte místico en esos matices será, en buena medida, una cuestión de fe.

El villano de la primera película, Lex Luthor, a quien daba vida Gene Hackman haciendo gala de una celebrada interpretación, es ahora retomado por Kevin Spacey (Sospechosos habituales, Seven), buen amigo del director. En mi opinión, salva correctamente su actuación, si bien con algunos altibajos; tal vez porque emular la singularidad aportada por Hackman al propio personaje suponía una distancia a superar mayor que en los demás casos.
Sus secuaces, dicho sea de paso, son personajes bastante planos y hasta cierto punto desaprovechados. Falta algo... ¿qué puede ser? ¡¡Señorita Teschmacheeeeeer!!

En el papel de Lois Lane, interpretada antaño por Margot Kidder —hoy en día, lamentablemente, venida a menos—, Kate Bosworth se antoja foránea, extraña, pero cumplidora. La conclusión es que su peso específico en la historia no es el que cabría esperar; sin embargo, su presencia resulta necesaria aunque no conecte especialmente con el espectador. Son rasgos que, en parte, pueden indicarnos las intenciones de este nuevo episodio.

Aparte de secundarios como el editor del Planet y el fotógrafo Jimmy Olsen, cuyos trasuntos aparecen prácticamente solo para decir "hola", hace su aparición un personaje nuevo e interesante, Richard White, pareja de hecho de la, en su día, despechada Lois, y padre de su pequeño y delicado hijo Jason. Interpretado por James Marsden (Cíclope en la saga X Men), Richard es sobrino del editor: hombre corriente pero sensato, se aleja del manido antagonista-sentimental-engreído-y-canalla, cosa que es muy de agradecer.

Singer también fue impresionado en su día, como millones de personas, por el primer Supermán de Donner, y lo demuestra constantemente a lo largo del metraje. Como el pequeño Kal-El, también fue huérfano y se identifica con él especialmente.
Tal vez los homenajes sean deliciosos, pero probablemente haya los suficientes como para cambiarles la etiqueta y pasar a denominarlos "paralelismos" (más allá de la consabida mecánica ‘peligro, acción, salvamento’), cuyo problema más evidente es que el espectador puede anticiparse a la resolución de ciertas situaciones accesorias. Ello asegura la buena aceptación de fórmulas contrastadas en el pasado, a la vez que perjudica la solidez del conglomerado.

Sin embargo, el mayor lastre que a mi entender afecta a Supermán Returns es su, digamos… "desigual" guión. Por un lado, sí, sostiene la película de modo que puede verse y disfrutarse perfectamente, pero flojea severamente cuando maneja la figura de Lex Luthor; me refiero, más en concreto, al modo en que él y su banda encuentran acomodo en la historia. Ello no quiere decir que las escenas con Spacey no sean atractivas, solo que los resortes en virtud de los que estas acontecen no son los apropiados: empezando por el cómo y el por qué de su aparición en escena, continuando con la naturaleza de su malvado plan y la forma en que lo desarrolla, y terminando por minimizar o exagerar arbitrariamente su presencia para impulsar la acción (especialmente lamentable resulta el encuentro entre Lex y Lois, que será crucial). Ni siquiera un manto de humor, con el que se solía arropar ciertas "licencias" que se tomaba el guión en la cinta original, sirve en este caso para disimular estas circunstancias.

La eliminación, en el montaje final, del viaje de Supermán (cuya aparición sí se anuncia para el DVD), es otro punto espinoso por hacerse referencia indirecta a él varias veces desde el mismo inicio de la acción, a tenor de la importancia que se da a la ausencia temporal del héroe y las consecuencias que ello implica.

El director compensa repetidamente estos localizados aspectos negativos con su buen hacer narrativo, destacando su capacidad para generar momentos de inmersión total en la atmósfera que rodea a los personajes —donde el tiempo parece palpitar hasta casi detenerse o bien escurrirse por entre los dedos—, y una elegancia natural a la hora de manejar la cámara.

Así pues, los valores más importantes del mito quedan salvaguardados, y su continuidad asegurada, en la entrega a priori más complicada de las que "eventualmente" compongan esta saga (se prevé una secuela en 2009 y nueva serie para TV). La labor de alguien tan meticuloso y visualmente impecable en su trabajo como Singer, es una buena noticia para los viejos y nuevos seguidores del hombre de acero.

Comentarios

Añadir comentario
  • Soy usuario de Mangaes
  • No soy usuario de Mangaes pero quiero registrarme
  • No soy usuario de Mangaes, usaré mi mail
  • Entrar con Twitter
(El email no se verá públicamente)

Enlaces