Sushi de Suzanne Visser
Publicada por Ediciones B en su colección La Trama.
ISBN 84-666-0654-8
Precio: 19.50 €
Sushi, de Suzanne Visser, es una novela que acaba de publicar Ediciones B en su colección La Trama.
"Retrato de un asesino en serie en el Japón actual", reza la portada. Suena interesante y lo es, aunque no en el sentido que sería de suponer, pues no es un retrato de un asesino lo que nos encontramos, sino un retrato del shock cultural entre la sociedad japonesa y los extranjeros que van a vivir o a trabajar a Japón.
Ocho occidentales han sido asesinados en Tokio. El arma es un yanagi-ba, un cuchillo de cortar pescado, y todas las victimas han sido encontradas mutiladas, abiertas en canal como si fuesen un pescado excelentemente servido. El caso ha alcanzado una gran repercusión internacional y, en vista que la policía japonesa se ha quedado estancada, se decide reunir a un equipo internacional de policías expertos que viajarán a Tokio para investigar el caso. Solo habrá dos policías japoneses en el caso, el comisario Mochizuki y su ayudante/traductor, Watanabe. El resto de policías son Gerardo Silva (México), Lucia Valenti (Italia), Jack Fowell (Australia), Marc Croo (Bélgica), Bertus Hogenelst (Holanda), Robynne Green (Estados Unidos) y Bettina Welt (Alemania), a los que se unen una psicóloga y dos coordinadoras, cuyo conocimiento de Japón y el japonés varía de cero a expertos.
No todos los personajes están igualmente desarrollados. Algunos están tratados con más detalles, aprendemos más de ellos durante la novela (Mochizuki, Hogenelst, Green y Welt, cuyo diario seguimos a ratos durante la novela) mientras que el resto apenas están esbozados.
A través de estos personajes, y de aquellos que van encontrando a lo largo de la investigación, Suzanne Visser nos enseña la sociedad japonesa actual y, sobre todo, la dificultad de integración de los extranjeros. Es el shock entre dos concepciones del mundo muy distintos y, en algunos casos, diametralmente opuestas. El primer shock llega pronto: la forma de trabajar de Mochizuki y la policía japonesa, cuya minuciosidad y tendencia a catalogar hasta los más nimios detalles exaspera a sus colegas occidentales.
Las experiencias de estas policías y las entrevistas con la gente relacionada con los asesinados nos muestra las dificultades a las que se enfrentan los extranjeros en Tokio: la dificultad del idioma, el carácter gregario de la sociedad japonesa frente al individualismo occidental, la propia reticencia de los japoneses a los gaijin, los extranjeros, y los problemas de adaptación a una mentalidad casi opuesta. Uno de los personajes japoneses a los que interrogan llega a admitir que piensa de forma diferente si habla con un japonés o con un occidental; se ha acostumbrado a la costumbre occidental de hablar de temas personales, cosas de las que no se le ocurriría hablar con otro japonés.
Visser usa a Mochizuki y Watanabe como contrapunto para mostrar muchas de estas diferencias, pero también para recalcar algunas de las falsas ideas que se tienen en el extranjero sobre los japoneses, y viceversa. Mochizuki, por ejemplo, no había estado nunca en un templo Zen, pero tampoco sabía que los extranjeros tuviesen tantos problemas en su país.
Mochizuki empieza siendo un personaje bastante desagradable, un policía japonés metódico, autoritario, bastante misógino y demasiado asustado de la prensa. Visser los contrapone a Bettina Welt, una criminóloga y sinóloga que habla un perfecto japonés. Mochizuki no respeta a Bettina y ésta no soporta a Mochizuki. Pero ambos aprenden del otro durante la novela y aprenden a respetarse. Al final Mochizuki llega a caerte hasta simpático.
No, no me he olvidado que hay un asesino que atrapar, pero el caso en sí palidece ante el factor cultural. La detención del asesino no es el clímax de la novela, más bien es un anti-clímax, algo que tenía que pasar y punto. Es aquí donde la novela falla pues deja bastante fría. Visser no consigue crear un clímax adecuado, no consigue que llegue a importante realmente si le pillan o no, y la resolución es, a mi gusto, demasiado fácil, demasiado rápida.
Sushi triunfa como una visión del Japón actual a través de ojos extranjeros (la propia autora vivió en Japón durante 10 años) pero fracasa como novela de intriga.
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