Bennett Miller dirige su primera película de ficción tras su experiencia como realizador de documentales. Y, a la vista tanto de los elogios obtenidos por buena parte de la crítica como del éxito del actor Philip Seymour Hoffman en los Oscar, parece que ha empezado con muy buen pie.
Este filme se centra en la etapa de la vida del escritor estadounidense que más marcó su biografía: su dedicación a la investigación y crónica escrita del asesinato en 1959 de una familia granjera de Kansas. Porque cuando se habla de Capote (1924-84), es imposible no vincularlo al que se considera su mejor título, A sangre fría, con el que revoluciona el panorama editorial de su época combinando la narración novelada con el documento periodístico.
El ritmo elegido por Bennett Miller es casi como el carácter del protagonista: pausado, en ocasiones rayano en la lentitud, pero con puntuales períodos de explosiva extroversión. ¿Dónde se apoya el vigor de la película? Primero, en la celebrada interpretación del actor principal, retratando convincentemente una personalidad singular y en precario equilibrio; en segundo lugar, en el interés que nos despierta la actitud ética de Capote en relación con las mismas tripas del trágico suceso, a medida que toma íntimo contacto con el lugar de los hechos, el ambiente que los envolvió y los presuntos asesinos.
El discurso de la cinta sugiere que el peso y la intensidad de todos los sentimientos acarreados por esta experiencia que duró varios años, fue lo que le permitió alumbrar una gran obra, a la vez que se cobraba en su persona un alto precio psicológico y anímico; una carga emocional de la que jamás acabaría de librarse.
Y es que la difícil conciliación entre los roles de escritor, investigador y parte activa en el escenario del crimen desde el mismo momento de su aparición en prensa, le valió al autor el mayor de sus logros literarios. Pero esa amalgama de elementos que tan bien funcionó artísticamente, unida a su peculiar personalidad, arrastró a Capote a un maremágnum vital a la postre insuperable para él.
En varios momentos del metraje, conocemos también el entorno humano del escritor: amistades, director del periódico, círculo de frívolos noctámbulos e intelectuales... pero siempre en un segundo plano narrativo, incluso en ocasiones suministrándosenos información sobre sus seres más cercanos sugerida o veladamente.
Pero, tal vez sobre todas las cosas, destaca la relación entre Truman Capote y uno de los dos acusados de asesinato, Perry Smith, pues llega a gravitar en torno a ella la marcha del propio procedimiento judicial, la progresión de la novela y el modo de sentir y comportarse del mismo escritor. Tanto fue así que el guión, basado en una biografía realizada por Gerald Clarke, no contempla apenas referencias al Capote anterior y posterior a esos años cruciales.


