Ya estamos muertos
Autor: Charlie Huston
Editorial: Alianza Editorial (Colección Runas)
Género: Novela Negra, Sobrenatural, Thriller
Edición original: Del Rey, 2005
Edición española: Alianza Editorial, 2008
ISBN: 978-84-206-8238-9
Introducción: hacia la globalización de la cultura gótica
Allá por el 1976 con la publicación de la novela de Anne Rice, Entrevista con el vampiro, la figura del vampiro en tanto icono emblemático de la emergente cultura gótica comenzó a popularizarse por todo el mundo. El vampiro se perfila en el imaginario colectivo de millones de jóvenes como un ser atormentado y trágico, inmerso en la angustia de la inmortalidad. Anne Rice presenta un enfoque existencialista que contribuye a sentar las bases de un nuevo tipo de vampiro, lejos ya de castillos abandonados, viejos nobles y campesinos blandiendo teas en llamas.
En 1994 tendría lugar la célebre adaptación cinematográfica de Entrevista con el vampiro; no se puede exagerar el impacto de la imagen de Brad Pitt como Louis de Pointe du Lac entre las jóvenes de los años noventa, en un momento en que Pitt comenzaba a recorrer los años de su carrera que le convirtieron en un mito. La película, aparte de su éxito comercial, jugó un papel muy importante en confirmar la imagen sensual y romántica del vampiro que se entremezcla con un giro fundamental: es una reconstrucción que asienta sus pilares góticos sobre una visión cada vez más urbana de la criatura de las tinieblas.
En los noventa la cultura gótica se había extendido por doquier en el mundo, de tal suerte que la maquinaria mercadotécnica capitalista se puso en movimiento para inundar a unas jóvenes generaciones góticas cuya relación con la trasgresión cultural heredada de sus orígenes punk es tan tenue que, progresivamente, el movimiento gótico se convierte en una tribu urbana más.
Y llegamos a la actualidad: hoy tras el éxito de Crepúsculo se parapetan literalmente miles de obras de todo tipo acerca del mundo vampírico. En su mayoría, sin duda trabajos de consumo rápido que dentro de pocos años – o meses – cederán paso a la próxima moda. Pero si bien la obsesión gótica pronto se olvidará – para satisfacción de muchos góticos -, posiblemente la huella que desde mediados de los noventa ha dejado en géneros menos vinculados a la novedad inmediata será indeleble. Me estoy refiriendo al manga, por ejemplo, a la ciencia ficción… y, sorprendentemente, a la novela negra.
Charlie Huston: En el momento y lugar apropiados
Con esta pequeña introducción pretendía simplemente recordar el sustrato en torno al cuál una obra como la de Charlie Huston ha podido alcanzar un más que aceptable éxito de público y crítica. Ya estamos muertos es una novela negra cuyos personajes – zombis y vampiros entre otros – no habrían suscitado excesivo interés si no fuera porque discurren por un camino ya fertilizado gracias a la reinvención del vampiro y la popularidad de la “nueva” cultura gótica, tan ligada al consumismo.
Por ello no debiera ser un libro fácil de manejar para el gran público – aunque sea sencillo de leer -: los esquemas heredados de la novela negra son tan rígidos y predecibles como lo son las problemáticas de sus personajes. El acierto de la obra de Charlie Huston se basa en los constantes guiños al mundo del comic y de la ficción y a los tópicos de la cultura gótica. Muy posiblemente hace diez años Ya estamos muertos habría pasado desapercibido para los críticos del New York Review of Books, y sólo habría encontrado refugio entre “comiqueros”, “roleros” y admiradores de Chinatown.
Sin embargo, quede claro que no tiene absolutamente nada que ver con los atormentados románticos apuntalados por Anne Rice; si bien el vampiro del siglo XXI difícilmente podrá desprenderse de esa tradición, Charles Huston se acerca más a la idea del vampirismo como un desgraciado accidente biológico. Aquí no tenemos al vampiro ataviado con elegantes colores negros y violetas, esto no es una canción de Moi Dis Moix; en el Manhattan de Huston todo es bastante sucio y desde luego, glamour no es una de las palabras que definen a estos vampiros. En todo caso, enfermedad sería un término más apropiado.
Si la estructura básica se cimenta en la novela negra, lo hace en la violenta estela de Mickey Spillane que Frank Miller convirtió en clásica gracias a Sin City (no en vano Charlie Huston proviene también del mundo del comic, precisamente de trabajar con otro personaje oscuro como el Caballero Luna, ambiguo héroe de la Marvel). Sobre ese ambiente se desarrolla un tipo de batalla urbana entre clanes vampíricos que, por supuesto, nos recuerda al mítico juego de rol Vampiro, La Mascarada. Podemos considerar, por tanto, a Charlie Huston como “uno de los nuestros”; Ya estamos muertos sin duda es una novela interesante y sorprendente para el gran público, pero va un poco más allá para quienes están metidos en el mundillo de la fantasía.
(Recomiendo encarecidamente, de paso, a cualquier aficionado al comic que se acerque a la ya mencionada etapa de Huston al frente de los guiones de Caballero Luna, asistidos por el increíble dibujo de David Finch. Lo que Huston hace con el pobre Marc Spector va más allá de lo simplemente “oscuro” y podemos decir que le hace cruzar la frontera del desequilibrio mental dirigiéndose tímidamente hacia los territorios del gore.
Por otra parte, su trabajo en otras colecciones como Ultimates 2 y en Man Thing también merece una lectura. )
Thriller, vampiros y zombies
Con los ingredientes mencionados, se antoja incluso complicado que una novela escrita de modo medianamente competente no resulte interesante a buena parte de los lectores de este portal. De hecho, Charlie Huston es un narrador efectivo, que huye de artificios y que no se recrea excesivamente en descripciones. La acción, tanto física como psicológica es directa, y los personajes tienden a golpear – o morder, o infectar – antes de preguntar. En este viaje por el Manhattan más sórdido y putrefacto, los actores de Ya estamos muertos no faltan a la cita con los tópicos recurrentes del género: una jovencita fascinada por la cultura gótica del exceso macabro, vagabundos drogadictos con más de un secreto que contar, matones descerebrados, inteligentes vampiros con facilidad para la filosofía…
…y, un protagonista principal descastado, cínico y que trata de permanecer al margen de la compleja red de fidelidades que sostiene un precario equilibrio entre los clanes de Nueva York y su relación con la sociedad humana. Joe Pitt es un vampiro que trabaja como investigador privado especializado en casos que lindan con el mundo sobrenatural y que sistemáticamente le llevan a entremezclarse con lo peor de la baja sociedad.
La simple mención al género en que se inscribe la obra y al tipo de personajes que la sustentan ya nos da una idea de cuál puede ser su desarrollo: un ritmo de lectura vertiginoso, con resoluciones rápidas y contundentes de todos los problemas afrontados por Joe Pitt y una conclusión que despeja con la mayor espectacularidad posible todas las incógnitas generadas. Es un libro de éstos que se leen en tres o cuatro horas, y corresponderá a cada cuál considerarlo literatura de “usar y tirar” o no;
En mi opinión, es una obra a la que merece la pena acercarse de nuevo unas cuantas veces más. No es que los personajes sean más profundos de lo que parecen – no lo son. Son muy planos -, ni el argumento sorprenderá en una segunda lectura por ofrecernos detalles que se nos hubieran pasado. La riqueza de Ya estamos muertos reside más bien en que Charlie Huston ha mezclado un montón de elementos muy atractivos y ha conseguido que todos y cada uno de ellos sigan siéndolo tanto colectiva como individualmente.
En resumen:
Es una buena novela negra, con violencia controlada y todos los clichés del género en funcionamiento.
Los zombies son bastante estúpidos pero no demasiado; Peligrosos, pero peones secundarios al fin y al cabo. A la manera del Left For Dead, son carne de cañón para el argumento a los que conviene no dar la espalda ni un segundo.
Los vampiros – cuya singularidad se explica, al igual que la de los zombis, en base a una afección vírica – forman parte de un mundo tan exento de clase y elegancia como pueda estarlo el último vagabundo de Manhattan… pero siguen siendo seres fascinantes y, en muchos sentidos, están tan por encima de su comida como un búho puede estarlo de los ratones. Huston simplemente se recrea en el aspecto miserable de su existencia, no elude la chispa de grandeza que late en la eternidad del vampiro.
Con estos mimbres, quizá no se recuerde Ya estamos muertos como una de las grandes obras de ficción del milenio, pero es tan entretenida como uno pueda llegar a desear. ¿A quién le importa que esté construida a base de tópicos? Sólo nos queda rogar que Runas, la colección que Alianza Editorial dedica a la fantasía y la ciencia ficción, goce de buena salud editorial y continué trayéndonos adaptaciones de trabajos tan imprescindibles como La Espada Rota, de Poul Anderson, o La voz de las Espadas, de Joe Abercombrie.
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