"Seminuevo"
He de confesaros que en muchas ocasiones me siento levemente horrorizado por el uso de algunas palabras. Palabras que pueden ser confusas, modismos confusos o barbarismos que pretenden usurpar el puesto de palabras que existen para tal fin en nuestra lengua.
Tendréis que disculparme que no llegue a los niveles de excelencia de autenticas autoridades en la materia. Mis conocimientos del idioma son los que se adquieren por el uso, la lectura y poco mas. No esperéis que dicte cátedra, pero si que exponga mis quejas cuando las considere oportunas.
Seminuevo. ¿Qué diablos quiere decir esa palabra?
Empezare por indicar que esa palabra no existe, al menos no esta incluida en la última edición del diccionario de la Real Academia de la lengua castellana. Su origen creo que se remonta a la necesidad de indicar de forma casi telegráfica información en algunos anuncios por palabras, y recuerdo que las primeras veces que la leí en un anuncio me causo un cierto regocijo por lo absurdo de su concepción.
Normalmente los anuncios eran algo así como “Vendo coche seminuevo”. Lo cual es fácilmente interpretable como “coche con poco uso” o “coche en buen estado”. La necesidad de abreviar información nos lleva a la contradicción.
Según el diccionario de la RAE, nuevo quiere decir (cito) “Recién hecho o fabricado”, “Que se ve o se oye por primera vez”, “Repetido o reiterado para renovarlo”, “Distinto o diferente de lo que antes había o se tenía aprendido” y así sigue hasta llegar a la definición que nos interesa en este caso que es “Dicho de una cosa: Que está poco o nada deteriorada por el uso, por oposición a viejo”.
Posiblemente tenemos una concepción equivocada del concepto “nuevo” o al menos olvidamos su significado completo. Si yo compro un disco por ejemplo, lo escucho un par de veces y lo pongo a la venta podemos hablar de un disco “nuevo”. Si el término no os convence por la idea de que un disco al que se ha quitado su precinto deja de serlo, comparando un precinto de fábrica con un himen virginal y somos tan susceptibles que pretendemos hacer la prueba de “las cuatro rosas” en artículos de consumo entonces tenemos otras posibilidades.
“Como nuevo”, “con muy poco uso” o porque no: “como nuevo”.
Siendo un susceptible o con animus jocandis podría preguntarme si existe el color “semiblanco” o si una novia puede llegar “semivirgen” al altar recordando esa memorable escena en “Monthy Python´s Life of Brian” donde se desarrolla el dialogo (que condensare de memoria)
- Tu eres romano, tu padre era romano. Se llamaba Maximus Minimus
- ¿Te violo?
- Bueno si, un poquito, al principio…
Es mas, creo que el mismo concepto de la palabra es erróneo. Si bien la definición deja claro que “nuevo” indica o bien recién hecho, o que esta poco o nada deteriorada con el uso” se aplica a objetos en los que prima su aspecto externo. Un coche con 5 años y 60.000 kilómetros, por muy limpio que esté y por muy impecable que sea su aspecto externo no es “seminuevo” es “usado, 5 años de antigüedad, 60.000 kilómetros y en perfecto estado de chapa”.
¿Qué demonios es un objeto seminuevo?, ¿existe el “medioroto” o el “semitonto”?, ¿hay políticos “semicorruptos” o “semidelincuentes”?
El concepto de “nuevo” que tenemos esta mas ligado en el uso cotidiano a una fantasmal y etérea condición de virginidad. Parece que el hecho de que un disco por haber sido abierto, un libro haber sido leído antes por otra persona o un juego haber sido jugado antes por otra persona ya no es digno de nuestra atención. Parece que estamos convencidos de que somos los primeros en oír un disco, leer un libro o jugar un juego si somos los que abrimos ese sacrosanto precinto, esa suerte de derecho de pernada que en realidad es completamente psicológica.
A veces creo que esta curiosa fijación que tenemos en este país se debe sobre todo a que somos unos guarros. Manchamos los discos con dedos, los rayamos y estropeamos o comemos bocadillos chorreantes de atún sobre clásicos griegos. Ver el estado de los discos en un videoclub, incluso con películas de estreno es una experiencia traumática. Por el contrario vemos los artículos de segunda mano que se consiguen en otros países y nos ahonda esa sensación de que o somos unos cerdos, o es que los demás son demasiado cuidadosos.
En cualquier caso, desde esta humilde tribuna hago un llamamiento para intentar, ya que somos incapaces de cuidar nuestros propios libros, discos u otros objetos, al menos si seamos capaces de cuidar un poco este idioma que tenemos y que maltratamos tanto o mas que el resto de nuestras posesiones.
No me hago muchas ilusiones, pero si con estas líneas consigo que alguien tenga una “semisonrisa” me daré por bien pagado.
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