La caja Kovak
Este canario, pese a que las plumas ya le tintan plata, a veces, se siente generoso y da otra oportunidad al malogrado cine español. Y a excepción de la época de 'Mentiras del corazón, 'El color de las nubes' y demás, eso es un ejercicio de riesgo que no se valora en lo que vale.
En estos últimos tiempos, en que Torrente sigue insuflando aire al mermado porcentaje de taquilla, se ha puesto de moda adoptar muchas de los géneros americanos como 'normalización'. Supongo que debe ser una especie de 'si no puedes con ellos, únete a ellos'.
Está opción, como todas, es respetable pero cuestionable. Claro está aquella otra opción, supuestamente hablar de lo 'nuestro', acaba siempre en la guerra civil o en el típico adolescente de pueblo que tiene su primera relación sexual con una mujer adulta cuando no es una combinación de ambas.
El film que nos ocupa es un 'thriller' poco creíble y lleno de lugares comunes con algunas lagunas de guión protagonizado por Thimothy Hutton y la siempre intrigante Lucía Jiménez que, aunque defiende su papel con ahínco, no puede arrancarle más de lo que hace.
El tema, trillado, es este: un escritor contempla como su novia, a la que acaba de pedir que se case con él y ha aceptado, descubre un complot mundial para implantar chips controladores del estado de ánimo que pueden inducir al suicidio. Para más inri, la maquiavélica idea está basada en un libro suyo de juventud, su obra maestra que siempre ha intentado superar.
Como véis, un prodigio de originalidad de la mano de Daniel Monzón.
Si la diesen un domingo lluvioso por la tarde y sois anti-fútbol, aún.
Si no, ni de coña.
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