Klimt
Si os gustan las películas raras, de esas que a la salida ves a los demás espectadores con la misma cara de lameluzo que tú y a un iluminado hablando sin parar del estudio ‘del alma humana’, esta es tu película.
En teoría este film trata sobre el afamado pintor vienés Gustav Klimt, autor profilífico del entorno de la Viena de 1900 pero viene a ser más una onírica descripción del ambiente de la época que otra cosa. Klimt, interpretado por Jonh Malkovich, aparece desdibujado, siendo la excusa de un desfile de personas y personajes harto curiosos pero sin un discurso narrativo que conduzca a nada.
Es un poco como ir en el tren y ver pasar el paisaje tan fugaz como velozmente. En el aspecto estético es reseñable, un logro a ratos, pero es lo único que este canario logró sacar en claro. Raoul Ruiz, su director, se ha dejado llevar por el simbolismo de la pintura klimtiana sin desvelar al espectador los códigos de los que está compuesta, y le ha salido un esbozo válido, pero nada más.
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