Soy una Matagigantes
Hay obras que son difíciles de comentar, bien por su complejidad – nunca es sencillo abordar el trabajo de autores como, por ejemplo, Neil Gaiman o Satoshi Kon – o por sus dimensiones – tampoco sabe uno por donde empezar con sagas del estilo Evangelion -. En ese tipo de casos y muchos otros es muy difícil encontrar una palabra, o una sensación, sobre la que articular las tres o cuatro ideas que, cómo máximo, debieran definir lo esencial de un trabajo artístico.
Soy una Matagigantes, en cambio, es una de las obras más fáciles de reseñar que me he encontrado últimamente. Aunque tengo tendencia a evitar calificativos cuya justificación no se desprenda directamente del análisis de cuestiones artísticas, desde que comencé a leer Soy una Matagigantes todo el tiempo me rondó la mente la idea de que es un trabajo honesto.
Un comic especial
¿Y por qué honesto? Evidentemente es una impresión personal que difícilmente podré explicar; Si lo intentase, diría que el trabajo de Joe Kelly y J.M. Ken Niimura es tan meticuloso, tan meditado, tan respetuoso el guión con la inteligencia del lector y tan comprometido el lápiz con la puesta en escena que han conseguido ambos que Soy una Matagigantes retenga algo de la magia y la ilusión con la que sin duda han trabajado en la historia. La emoción, lo que la historia de Barbara Thorson ha significado para Kelly y Niimura de algún modo se ha filtrado en sus páginas y atrapa al lector en el mundo que han creado.
Y, de nuevo evidentemente, cualquiera podría decir que ésa es mi opinión, no necesariamente trasladable a quienes lean la crítica. Pues desde luego que sí, pero aún intentando ser objetivo, tengo la impresión de que muchísima gente sentirá que Soy una Matagigantes consigue adentrarle en una historia creíble, con personalidad, absorbente y, ante todo, tratada con una sensibilidad exquisita y gran cariño por los personajes.
Ahí reside su fuerza y lo que hace que sea una obra altamente recomendable para cualquier tipo de público. La historia rezuma magia y un potencial enorme que, en todo momento, es contenido por un guión suave en el que las transiciones están perfectamente meditadas para no despilfarrar ni un segundo de la atención del lector.
Argumento
En Soy una Matagigantes se cuenta la historia de Barbara Thorson, una chica de secundaria que muestra todos los rasgos que en Estados Unidos identifican al “friki” arquetípico, con toda la carga de desprecio que tal palabra atesora en las culturas anglosajonas. En España “friki” se ha asimilado a las personas que hacen rarezas o que están obsesionadas con un tema en concreto, pero –aún- no parece estar cargado de toda la marginación social que implica en otros países. Barbara es, por tanto, jugadora de rol, lectora de comic, oscura, cínica, mal hablada y parece vivir en un mundo de fantasías propio; el pack completo, lo que le lleva a tener constantes problemas tanto con las autoridades de su instituto como con la sempiterna abusona de patio.
Barbara, de respuesta rápida e ingenio destructivo, mantiene que su misión en la vida es bastante más elevada que la de meramente transitar ocupándose en los problemas que acongojan al resto de mortales. Ella debe salvaguardar a la civilización de la amenaza de los terribles Gigantes, que son titanes surgidos de las entrañas de las más horribles pesadillas humanas y no los seres brutales pero torpes a los que el imaginario occidental fue aprisionando progresivamente en inofensivas leyendas.
A lo largo de la obra tendremos ocasión de preguntarnos si estos seres residen en la imaginación de Barbara o si la trascienden. Sus relaciones humanas se entremezclarán –e incluso entrometerán- en la consecución de su tarea y la heroína de Soy una Matagigantes deberá utilizar todo su ingenio y su fortaleza moral para enfrentarse a terribles amenazas de las cuáles sólo ella es consciente.
Guión y dibujo
Si bien este trabajo es, analizado en profundidad, bastante serio –especialmente si atendemos a su desenlace- , el tono constante que le consigue imprimir el grandísimo guionista Joe Kelly es tan desenfadado como divertido. La verdad que las agudezas con las que Barbara desarma a sus rivales humanos –sean el director del colegio o la abusona de turno- o su constante ironía, ácida y oscura, convierten un comic que en mano de otro guionista podría ser pedante en una lectura rapidísima y adictiva. Los momentos emotivos e incluso tristes, que también los hay, están resueltos con mucha elegancia y sin cebarse en el dolor, de manera que no enturbian para nada el tono ligero de toda la obra.
Ni humor ni drama, Soy una Matagigantes está más cerca de la fábula –sí, a lo Esopo y Samaniego- que de otra cosa. También ello debe agradecérsele a Joe Kelly, el conseguir que la narración tenga una segunda lectura, e incluso una tercera. Sin abordar grandes cuestiones morales, con una historia aparentemente intrascendente, incita a los lectores a plantearse primero pequeñas preguntas que pueden desembocar posteriormente en todo un replanteamiento de las implicaciones o “sugerencias interpretativas” de la obra.
En este sentido, no quiero caer en interpretaciones fantasiosas que vayan más allá de lo que los propios autores pretendían expresar, pero me gustaría proponer a quiénes se animen a leerla que, una vez finalizada, la lean de nuevo intentando ver un poquito más allá de lo evidente. Quizá no encuentren nada nuevo, pero seguro que apreciarán algunos guiños de Joe Kelly en el sentido de que no todo es lo que parece.
El dibujo de Ken Niimura también es todo un acierto. Hay que ser fan suyo para considerarle un gran dibujante, y desde luego no es mi caso: creo que es un bocetista de muchísimo nivel y extremadamente original, pero su trabajo con los acabados me parece simplemente correcto. Eso sí, sin duda es el dibujante perfecto para esta historia, y su trabajo es abrumador; la construcción de personajes me parece fantástica, y el tratamiento del blanco y negro muy interesante. Ha conseguido un estilo que, constantemente, parece descuidado a la vez que puntilloso. Ken Niimura demuestra, una vez más, que no es necesario dibujar hasta el último tendón del personaje para lograr captar su esencia y transmitir lo que la historia necesita.
Conclusión
Con un guión sobresaliente y un dibujo que le hace los honores, sólo queda hablar de la edición del comic. Adapta a tomo único una historia publicada en 7 números por la editorial Image, y lo hace en un formato que a mí me resulta bastante agradable, sólo que quizá un pelín grande. La calidad del papel es buena, aunque reproduce de un modo bastante poco atractivo la escala de blancos y negros; no sé si es intencionado por parte de los autores, pero produce una impresión muy pobre teniendo en cuenta las posibilidades con las que sin duda contaron en Image, una editorial que –otra cosa no tendrá- cuida el aspecto gráfico hasta lo delirante.
Como colofón, hay que destacar unas divertidísimas tiras cómicas en las que Joe Kelly nos cuenta la génesis del comic, y su “curiosa” relación con Ken Niimura, que es… un conejo. Desternillantes, de verdad, que nadie deje de leerlas.
Nada más (y nada menos), uno de las grandes sorpresas de este año y un comic absolutamente recomendable para cualquier paladar. Pocas veces se puede encontrar uno con un trabajo a la vez divertido, emotivo y sorprendente. Confío en que no pase desapercibido en el Salón del Comic de Barcelona y os animo a todos a haceros con él, merece cada uno de los euros que os cueste.
Ficha técnica
Soy una Matagigantes
Guión: Joe Kelly
Dibujo: J.M. Ken Niimura
Editor: Norma Editorial
Formato: Rústica con solapas, 17x26cm. Volúmen único, 224 págs, B/N, 12€
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Kirby_Konata
Otaku-san
20/07/2009
curioso, gracias por analizarlo, parece un gran comic ^^